filosofía

No procuro saber las respuestas sino comprender los interrogantes...

viernes, 29 de junio de 2012

¿DEBE EL ESTADO OBEDECER A LA MORAL?

 No es tan necesario para un príncipe poseerlas todas las buenas cualidades) pero si que aparente tenerlas. Incluso me atrevo a decir que si efectivamente las tuviese y si las mostrase siempre en su proceder, le serán perjudiciales. Por el contrario aparentarlas siempre le es útil. Siempre es bueno parecer clemente, fiel, humano, religioso, sincero, incluso ser todo eso realmente pero al mismo tiempo tiene que ser lo bastante dueño de si mismo como para poder saber cuando es necesario mostrar las cualidades opuestas. Debemos comprender que no es posible para un príncipe y sobre todo para un príncipe nuevo, poseer en su conducta todo aquello que hace, a los hombres reputadas gentes de bien y que a menudo está obligado para mantener el Estado a actuar contra la humanidad, contra la caridad, incluso contra la religión. Es menester que tenga el ánimo puesto a cambiar según indiquen los vientos y accidentes de la fortuna, no debe apartarse del camino del bien, pero que sepa entrar en el del mal si fuese necesario. Debe tener cuidado de no dejar escapar una sola palabra que no esté llena de las cinco cualidades que acabo de mencionar, de forma que cuando le veamos o le escuchemos, le creamos lleno de dulzura, sinceridad, humanidad, honor y principalmente de religión ya que los hombres en general, juzgan mas por sus ojos que por sus manos, ya que el ver pertenece a todos, y a pocos el tocar. Todos ven lo que parece, pocos conocen en profundidad lo que eres, y ese pequeño grupo no osará jamás levantarse contra la opinión de la mayoría, sostenida por la majestad del soberano poder. Aun es más , en las acciones de los hombres, y sobre todo de los príncipes, que no pueden ser escrutadas ante un tribunal, lo que se considera es el resultado. Que el príncipe ponga cuidado únicamente en conservar su vida y su Estado, si lo logra, todos los medios que haya empleado serán juzgados honorables y alabados por todos. El vulgo siempre es seducido por la apariencia y el acontecimiento y ¿no es el vulgo quien hace el mundo?

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