Ética a Nicómaco
Nace en Estagira (Macedonia, Grecia del Norte) a los 17 años viajó
a Atenas e ingresó a la Academia fundada por Platón. Permaneció allí 20
años, primero como estudiante, y luego como colaborador de Platón. A la muerte
de éste, Aristóteles abandona la ciudad de Atenas, y se dirige a Asia
menor. Fue maestro de Alejandro Magno, hasta que éste heredó el trono de su
padre. Vuelve a Atenas y funda un centro superior de estudios denominado
Liceo. Al morir Alejandro Magno, (323a.c) se produjo en Atenas una reacción
contra la soberanía macedonica y nuevamente Aristóteles emigra, y se refugia en
la isla de Eubea donde fallece a los 62 años de edad.
Sus obras abarcan los ámbitos más dispares desde la metafísica o
la lógica hasta la física o la biología, por la poética y la política. Entre
sus obras destacamos dentro de la ética, “Ética a Nicómaco”
Libro I: Sobre la felicidad.
I.
“Todo arte y toda investigación e, igualmente,
toda acción y libre elección parecen tender a algún bien, por esto se ha
manifestado, con razón, que el bien es aquello hacia lo que todas las cosas
tienden”
“Pero como hay muchas acciones, artes y ciencias,
muchos son también los fines; en efecto, el fin de la medicina es la salud; el
de la construcción naval, el navío; el de la estrategia, la victoria; el de la
economía, la riqueza. Pero cuántas de ellas están subordinadas a una sola
facultad (como la fabricación de frenos y todos los otros arreos de los
caballos se subordinan a la equitación, y, a su vez, ésta y toda actividad
guerrera se subordinan a la estrategia, y del mismo modo otras artes se
subordinan a otras diferentes), en todas ellas los fines de las principales son
preferibles a los de las subordinadas, ya que es con vistas a los primeros como
se persiguen los segundos. Y no importa que los fines de las acciones sean las
actividades mismas o algo diferente de ellas, como ocurre en las ciencias
mencionadas”
II.
“Si, pues, entre las cosas que hacemos hay
algún fin que queramos por sí mismo, y las demás cosas por causa de él, y lo
que elegimos no está determinado por otra cosa --pues así el proceso seguiría
hasta el infinito, de suerte que el deseo sería vacío y vano--, es evidente que
este fin será lo bueno y lo mejor. ¿No es verdad, entonces, que el conocimiento
de este bien tendrá un gran peso en nuestra vida y que, como aquellos que
apuntan a un blanco, alcanzaríamos mejor el que debemos alcanzar? Si es así,
debemos intentar determinar bien y a cuál de las ciencias o facultades
pertenece. Esquemáticamente al menos, cuál es este”
IV.
“Sobre su nombre, casi todo el mundo está de
acuerdo, pues tanto el vulgo como los cultos dicen que es la felicidad, y
piensan que vivir bien y obrar bien es lo mismo que ser feliz. Pero sobre lo
que es la felicidad discuten y no lo explican del mismo modo el vulgo y los
sabios. Pues unos creen que es alguna de las cosas tangibles y manifiestas como
el placer, o la riqueza, o los honores; otros, otra cosa; muchas veces,
incluso, una misma persona opina cosas distintas: si está enferma, piensa que
la felicidad es la salud; si es pobre, la riqueza; los que tienen conciencia de
su ignorancia admiran a los que dicen algo grande y que está por encima de
ellos.”
V.
“No es sin razón que los hombres parecen
entender el bien y la felicidad partiendo de los diversos géneros de vida. Así
el vulgo y los más groseros los identifican con el placer, y, por eso, aman la
vida voluptuosa --los principales modos de vida son, en efecto, tres: la que
acabamos de decir, la política, y, en tercer lugar, la contemplativa”
“En cambio, los mejor dotados y los activos
creen que el bien son los honores, pues tal es ordinariamente el fin de la vida
política. Pero, sin duda, este bien es más superficial que lo que buscamos, ya
que parece que radica más en los que conceden los honores que en el honrado, y
adivinamos que el bien es algo propio y difícil de arrebatar. Por otra parte,
esos hombres parecen perseguir los honores para persuadirse a sí mismos de que
son buenos, pues buscan ser honrados por los hombres sensatos y por los que los
conocen, y por su virtud; es evidente, pues, que, en opinión de estos hombres,
la virtud es superior.”
“El tercer modo de vida es el contemplativo,
que examinaremos más adelante”
“En cuanto a la vida de negocios, es algo violento, y es evidente que la
riqueza no es el bien que buscamos, pues es útil en orden a otro. Por ello, uno
podría considerar como fines los antes mencionados, pues éstos se quieren por
sí mismos, pero es evidente que tampoco lo son, aunque muchos argumentos han
sido formulados sobre ellos. Dejémosles, pues.”
VII:
“Pero
volvamos de nuevo al bien objeto de nuestra investigación e indaguemos qué es.
Porque parece ser distinto en cada actividad y en cada arte: uno es, en efecto,
en la medicina, otro en la estrategia, y así sucesivamente. ¿Cuál es, por
tanto, el bien de cada una? ¿No es aquello a causa de lo cual se hacen las
demás cosas? Esto es, en la medicina, la salud; en la estrategia, la victoria;
en la arquitectura, la casa; en otros casos, otras cosas, y en toda acción y
decisión es el fin, pues es con vistas al fin corno todos hacen las demás
cosas. De suerte que, si hay algún fin de todos los actos, éste será el bien
realizable, y si hay varios, serán éstos. Nuestro razonamiento, a pesar de las
digresiones, vuelve al mismo punto; pero debemos intentar aclarar más esto
Puesto que parece que los fines son varios y algunos de éstos los elegimos por
otros, como la riqueza, las flautas y, en general, los instrumentos, es
evidente que no son todos perfectos, pero lo mejor parece ser algo perfecto.
Por consiguiente, si hay sólo un bien perfecto, ése será el que buscamos, y si
hay varios, el más perfecto de ellos.
Ahora bien, al que se busca por sí mismo le llamamos más perfecto
que al que se busca por otra cosa, y al que nunca se elige por causa de otra
cosa, lo consideramos más perfecto que a los que se eligen, ya por sí mismos,
ya por otra cosa. Sencillamente, llamamos perfecto lo que siempre se elige por
sí mismo y nunca por otra cosa.
Tal parece ser, sobre todo, la felicidad pues la elegimos por ella misma y
nunca por otra cosa, mientras que los honores, el placer, la inteligencia y
toda virtud, los deseamos en verdad, por sí mismos (puesto que desearíamos
todas estas cosas, aunque ninguna ventaja resultara de ellas), pero también los
deseamos a causa de la felicidad, pues pensamos que gracias a ellos seremos
felices. En cambio, nadie busca la felicidad por estas cosas, ni en general por
ninguna otra.
Parece que también ocurre lo mismo con la autarquía, pues el bien perfecto
parece ser suficiente. Decimos suficiente no en relación con uno mismo, con el
ser que vive una vida solitaria, sino también en relación con los padres, hijos
y mujer, y, en general, con los amigos y conciudadanos, puesto que el hombre es
por naturaleza un ser social. No obstante, hay que establecer un limite en
estas relaciones, pues extendiéndolas a los padres, descendientes y amigos de
los amigos, se iría hasta el infinito. Pero esta cuestión la examinaremos
luego. Consideramos suficiente lo que por sí solo hace deseable la vida y no
necesita nada, y creemos que tal es la felicidad. Es lo más deseable de todo,
sin necesidad de añadirle nada, pero es evidente que resulta más deseable, si
se le añade el más pequeño de los bienes, pues la adición origina una
superabundancia de bienes, y, entre los bienes, el mayor es siempre más
deseable. Es manifiesto, pues, que la felicidad es algo perfecto y suficiente,
ya que es el fin de los actos.
Decir que la felicidad es lo mejor parece ser algo unánimemente reconocido,
pero, con todo, es deseable exponer aún con más claridad lo que es. Acaso se
conseguiría esto, si se lograra captar la función del hombre. En efecto, como
en el caso de un flautista, de un escultor y, de todo artesano, y en general de
los que realizan alguna función o actividad parece que lo bueno, y el bien
están en la función, así también ocurre, sin duda, en el caso del hombre, si
hay alguna función que le es propia. ¿Acaso existen funciones y actividades
propias del carpintero, del zapatero, pero ninguna del hombre, sino que éste es
por naturaleza inactivo? ¿O no es mejor admitir que así como parece que hay
alguna función propia del ojo y de la mano y del pie, y en general de cada uno
de los miembros, así también pertenecería al hombre alguna función aparte de
éstas? ¿Y cuál, precisamente, será esta función? El vivir, en efecto, parece
también común a las plantas, y aquí buscamos lo propio. Debemos, pues, dejar de
lado la vida de nutrición y crecimiento. Seguiría después la sensitiva, pero
parece que también ésta es común al caballo, al buey y a todos los animales.
Resta, pues, cierta actividad propia del ente que tiene razón. Pero aquél, por
una parte, obedece a la razón, y por otra, la posee y piensa. Y como esta vida
racional tiene dos significados, hay que tomarla en sentido activo, pues parece
que primordialmente se dice en esta acepción.
Si, entonces, la función propia del hombre es una actividad del alma según la
razón, o que implica la razón, y si, por otra parte, decimos que esta función
es específicamente propia del hombre y del hombre bueno, como el tocar la
cítara es propio de un citarista y de un buen citarista, y así en todo
añadiéndose a la obra la excelencia queda la virtud (pues es propio, de un
citarista tocar la cítara y del buen citarista tocarla bien), siendo esto así,
decimos que la función del hombre es una cierta vida, y ésta es una actividad del
alma y unas acciones razonables, y la del hombre bueno estas mismas cosas bien
y hermosamente, y cada uno se realiza bien según su propia virtud.
Y si esto es así, resulta que el bien del hombre es una actividad del alma de
acuerdo con la virtud, y si las virtudes son varias, de acuerdo con la mejor y
más perfecta, y además en una vida entera. Porque una golondrina no hace
verano, ni un solo día, y así tampoco ni un solo día ni un instante bastan para
hacer venturoso y feliz.”
Libro II: Naturaleza de la virtud
ética
V.
“Vamos ahora a investigar que es la virtud. Puesto
que son tres las cosas que suceden en el alma, pasiones, facultades y modos de
ser, la virtud ha de pertenecer a una de ellas. Entiendo por pasiones
apetencia, ira, miedo, coraje, envidia, alegría, amor, odio, deseo, celos,
compasión, y en general, todo lo que va acompañado de placer o dolor. Por
facultades aquellas capacidades en virtud de las cuales se dice que estamos
afectados por estas pasiones, por ejemplo aquello por lo que somos capaces de
entristecernos o compadecernos; y por modos de ser, aquello en virtud de lo
cual nos comportamos bien o mal respecto de las pasiones. (…)Por tanto, ni las
virtudes ni los vicios son pasiones, porque no se nos llama buenos o malos por
nuestras pasiones , sino por nuestras virtudes y nuestros vicios (…) Tampoco
son facultades, pues ni se nos llama buenos o malos por ser simplemente capaces
de sentir las pasiones, ni se nos elogia o censura. Además es por naturaleza
como tenemos esa facultad, pero no somos buenos o malos por naturaleza, (…) así
pues, si las virtudes no son ni pasiones ni facultades, solo restan que sean
modos de ser.”
VI.
“Llamo término medio de una cosa al que dista
lo mismo de ambos extremos, y éste es uno y el mismo para todos; y en relación
con nosotros, al que ni excede ni se queda corto, y este no es ni uno ni el
mismo para todos. Por ejemplo, si diez es mucho y dos es poco, se toma el seis
como término medio en cuanto a la cosa (…)Pero el medio relativo a nosotros, no
ha de tomarse de la misma manera, pues si para uno es mucho comer diez minas de
alimentos, y poco comer dos, el entrenador no prescribirá seis minas, pues
probablemente esa cantidad será mucho p poco para el que ha de tomarla: para
Milón, poco; para el que se inicia en los ejercicios corporales, mucho. Así
pues, todo conocedor evita el exceso y el defecto y busca el término medio y lo
prefiere; pero no el término medio de la cosa, sin el relativo a nosotros”
“Es por tanto la virtud, un modo de ser selectivo,
siendo un término medio relativo a nosotros, determinado por la razón y por
aquello por lo que decidiría el hombre prudente”
Libro X
VII.
“Si la felicidad es una actividad conforme a
la virtud, es razonable que sea conforme
a la virtud más excelente, y esta será la virtud de lo mejor que hay en
el hombre. (…) que es una actividad contemplativa, asimismo puede sostenerse
que la actividad contemplativa es la única que se ama por sí misma, porque de
ella no resulta nada fuera de la contemplación, al paso que la acción práctica
nos afanamos más o menos por algún resultado extraño a la acción
Aristóteles. La virtud como término medio.
“Llamo término medio de una cosa a lo que dista
igualmente de uno y otro de los extremos, lo cual es uno y lo mismo para todos.
Mas con respecto a nosotros el medio es lo que no es excesivo ni defectuoso,
pero esto ya no es uno ni lo mismo para todos. Por ejemplo: sí diez es mucho y
dos poco, tomamos seis como término medio en la cosa, puesto que por igual
excede y es excedido, y es el término medio según la proporción aritmética.
Para nosotros, en cambio, ya no puede tomarse así. Si para alguien es mucho
comer por valor de diez minas y poco por valor de dos, no por esto el maestro
de gimnasia prescribirá una comida de seis minas, pues también esto podría ser
mucho o poco para quien hubiera de tomarla: poco para Milón, y mucho para quien
empiece los ejercicios gimnásticos. Y lo mismo en la carrera y en la lucha.
Así, todo conocedor rehuye el exceso y el defecto, buscando y prefiriendo el
término medio, pero el término medio no de la cosa, sino para nosotros. Si, por
tanto, todo arte o ciencia consuma bien su obra mirando al término medio y
encaminando a él los trabajos - y de aquí que a menudo se diga de las bellas
obras de arte que no es posible ni quitarles ni añadirles nada, dando a
entender que el exceso y el defecto estragan la perfección, en tanto que el término
medio la conserva-, si, pues, como decimos, los buenos artífices operan
atendiendo a esto, y si, por otra parte, la virtud, corno la naturaleza, es más
exacta y mejor que todo arte, ella también, de consiguiente, deberá apuntar al
término medio. Hablo, bien entendido, de la virtud moral, que tiene por materia
pasiones y acciones, en las cuales hay exceso y defecto y término medio.”
Aristóteles, Ética a Nicómaco, Libro II.
·
Para
captar las ideas principales del texto, indica si son correctas o no las
siguientes afirmaciones. En caso de que no se ajusten a lo que dice el texto,
corrígelas.
-
Término
medio es aquello alejado en igual medida de los dos extremos, el exceso y el
defecto
-
El
término medio es como una medida aritmética válida para todos
-
Como
toda actividad bien hecha, a la que no le falta ni le sobra nada, el
comportamiento ético virtuoso es aquel que, guiado por el conocimiento, tiende
hacia el término medio
-
La
virtud dianoética, aquella que se refiere a las acciones, consiste en un
término medio
·
¿Qué titulo escoges?
-
La ética de la moderación
-
Medida aritmética
-
Un término medio para todos
·
Explica:
-
El término medio es aplicado
sólo a unas determinadas virtudes, pero no a todas. ¿A cuáles no y por qué?
-
La valentía, la generosidad,
son ejemplos de virtudes éticas, a las que se aplica la pauta del término
medio. ¿Por qué?
·
Para reflexionar:
-
Si la virtud es entendida como
moderación en todas las cosas, ¿podemos afirmar que el buen estudiante, es el
que no estudia ni mucho ni poco? ¿qué crees que diría Aristóteles al respecto?
¿qué opinas tú?
Ética a Nicómaco
Estructura
de la obra: se divide en diez libros
Libro I:
plantea que es la felicidad (fin inclusivo)
Libro II
al V: habla sobre las virtudes morales o éticas
Libro VI:
habla sobre las virtudes intelectuales o dianoéticas
Libro VII:
habla sobre el vicio y la virtud
Libro VIII
y IX: habla sobre la amistad
Libro X:
vuelve al tema de la felicidad (fin inclusivo)
La
ética para Aristóteles es aquella ciencia práctica, basada en el sentido común
(es decir en los juicios rectos de hombres considerados como buenos y
virtuosos) que nos muestra el estilo de vida necesario, para lograr la
felicidad, que es el bien por excelencia.
La ética de Platón al igual que la
socrática identificaban el bien con el conocimiento caracterizándose por un
marcado intelectualismo. Por naturaleza el hombre tiende a buscar el bien, por
lo que bastaría conocerlo, para obrar correctamente. Aristóteles se opone a
este pensamiento ya que niega la trascendencia de un bien en sí o de la forma
universal del bien. Nadie busca el bien en sí, sino su propio bien, y el bien
propio de cada Ser está determinado por las posibilidades de su naturaleza.
Llegar a este bien es justamente el sentido de la actividad de cada ser.
La felicidad como fin último (libro
I y X)
La ética a Nicómaco comienza
afirmando que toda acción humana se realiza en vistas a un fin y el fin de la
acción es el fin que se busca. La filosofía aristotélica es teleológica,
ya que todo tiende a una finalidad (telos es igual a fin). Toda conducta humana
tiene un carácter intencional, siempre tendemos a un fin ya que una conducta
sin finalidad sería absurda. Para
Aristóteles no podemos tender a algo que no sea bueno, por lo tanto fin y bien
se igualan. El bien es aquello a lo que tienden todas las cosas.
Toda
actividad tiende a un fin que es a la vez un bien.
En la vida del hombre hay fines que
no lo son en sí mismos sino que son medio para lograr otras cosas (hay fines
subordinados a otros) por ejemplo, el fin de poner el despertador es venir a
clase, el fin de venir a clase es aprender y así sucesivamente.
Para Aristóteles debe haber un fin
último, algo que queremos por sí mismo y al cual deben subordinarse todos los
demás para que tengan sentido nuestras acciones. Pero: ¿Cuál debe ser ese fin
último o bien supremo? Todo el mundo está de acuerdo que es la felicidad.
Felicidad en griego es Eudaimon,
por eso la posición ética de Aristóteles se conoce como eudaimonia. Ahora bien, hay un acuerdo en que el fin
último es la felicidad, pero, ¿qué es la felicidad?
Para algunos la felicidad es la
riqueza, para otros los honores y para otros los placeres, pero Aristóteles
muestra que estas cosas no son buscadas por sí mismas. La riqueza no es un fin
ya que no se busca por sí misma, sino para lograr otras cosas, es decir, es un
medio. Los honores no dependen de nosotros sino de quien los concede, por lo
tanto en este sentido la felicidad no dependería de nosotros mismos, sino de
otros. Los placeres, y el placer en sí mismo, es inseguro e inconstante, ya que
hace depender al hombre del objeto que le causa placer, pero para Aristóteles
si bien placer no es sinónimo de felicidad, forma parte de ella, por ejemplo,
el hombre justo siente placer al actuar justamente.
El bien supremo debe ser perfecto y
autosuficiente, tiene que ser un fin en sí mismo, y no un medio, para lograr
otra cosa, después que llego a él ninguna otra cosa puede ser deseable.
En el libro I la felicidad tiene
varios bienes, son todos a la vez, pero no se identifica con ninguno. Ve a la
felicidad como un fin inclusivo que implica la articulación de todos los bienes
y el acento en la acción. La felicidad es obrar bien y vivir bien. Aquí se
plantea el problema de si la felicidad radica en nosotros o procede de una
fuente externa, ya que al decir, “obrar bien”
hace referencia a la virtud que es interna, y al decir “vivir bien” hace
referencia a la buena suerte que es externa. Ahora bien, este concepto de
felicidad como articuladora de bienes no explica que es la felicidad. Para ello
hay que determinar cual es la actividad propia del hombre en cuanto hombre. Lo
propio de cada cosa, su actividad proita es la virtud (areté). Lo propio del
hombre es la razón, para Aristóteles el
hombre es una animal racional, por lo tanto un hombre será feliz, si vive
conforme a la razón, es decir, conforme a su virtud. Vivir conforme a la razón
puede entenderse de dos maneras: 1) vivir guiado o gobernado por la razón (modo
de vida del hombre activo); 2) vivir dedicado a la razón (ideal de vida del
hombre contemplativo)
El hombre como animal racional
El alma tiene dos partes, una
racional y otra irracional. Dentro de la parte racional se encuentran las
virtudes intelectuales o dianoéticas. Ésta a su vez se divide en una razón
científica, que tiene por objeto lo necesario, lo que no puede ser de otra
manera, y las virtudes que en ella se encuentran son la sabiduría y la ciencia;
y una razón deliberativa que tiene como objeto lo contingente es decir, lo que
puede ser de una forma y de otra, la virtud que prima en dicha razón es la
prudencia.
Dentro de la parte irracional del
alma, tenemos una parte que carece de razón llamada vegetativa y otra parte que
también carece de razón pero puede ser modificada por ésta, es decir, participa
de la razón, y se llama sensitiva. En ella se encuentran las virtudes éticas o
morales, como la justicia, la templanza, y la generosidad.
En el libro X Aristóteles afirma
que si la felicidad es una actividad conforme a la virtud, es razonable que sea
la virtud más perfecta, la mejor que hay en el hombre, es decir, el entendimiento,
que posee una actividad contemplativa. El ideal de felicidad perfecta sería una
vida dedicada a la actividad teórica, a la contemplación permanente de la
verdad: la vida contemplativa es un ideal superior. Aquí considera la felicidad
como fin exclusivo. El fin último no tiene por que comprender todos los demás
bienes y puede haber uno que excluya a los demás, en este caso, la
contemplación.
Para concluir: tres formas de vida feliz
- (rechaza la riqueza porque es un
medio)
- 1) vida del placer (corporal). Lo
excluye como sinónimo de felicidad, pero no como parte de ella
- 2) vida con los otros: vida activa,
del conocimiento práctico: virtud ética
- 3) vida del conocimiento teórico,
vida del sabio: contemplación (autarquía: solo depende de él mismo)
Libro II: virtud y tipos de
virtudes
Si la felicidad es el bien del
hombre, toda actividad que contribuya a su consecución, será virtuosa. La
virtud no es una pasión ni una facultad del alma, es un modo de ser, es decir,
un hábito. Nosotros no elegimos las pasiones que son la ira, el odio, los
celos, sino que son innatos en el hombre, así como las facultades que son meras
potencialidades. La virtud NO es innata al hombre. Si fueran propias de
nuestra naturaleza, todos seríamos virtuosos por el simple hecho de ser
hombres, y esto no ocurre así. La virtud se adquiere, por ejemplo, no se nace
bueno o malo sino que se adquiere la bondad o la maldad. La virtud tampoco es
una ciencia, ya que no por conocer que es la justicia somos justos, sino que
soy justo realizando actos justos. Las virtudes se adquieren a través de las
costumbres, el ejercicio y el hábito.
Aristóteles distingue dos clases de
virtudes, de acuerdo con las funciones del alma. Las virtudes éticas están en
la parte irracional del alma, son adquiridas a través de la costumbre o el
hábito y regulan las relaciones entre los hombres. Las más importantes son la
fortaleza, a justicia y la templanza. Las virtudes dianoéticas corresponden a
la parte racional del alma, son propias del intelecto. Su origen no es innato
sino que se aprenden a través de la educación. Son la sabiduría y la prudencia.
La más importante es la prudencia. Consiste en la habilidad intelectual de
discernir entre cosas que no son necesarias y las que si lo son. Esta virtud es
guía de las demás virtudes morales. El hombre prudente sabe que es lo bueno y
que es lo malo para el hombre. lo característico del hombre prudente es la
deliberación, el fin último no está en discusión, por lo tanto se delibera
sobre los medios para llegar a ello. La prudencia es directora de la conducta
humana.
La virtud como término medio.
La virtud implica una cierta
medida, un cierto orden la virtud se sitúa en un término medio entre dos
vicios, uno por exceso y otro por defecto. Pero ¿cómo definir el justo medio? Podemos
entender el término medio como absoluto (en cuanto al objeto) o relativo (en
cuanto al sujeto). Según Aristóteles no hay una medida para definir en cada
situación el justo medio. Cada hombre debe ser juez tal como lo haría siempre
un hombre sabio y prudente.
¿Qué es entonces la virtud?
“Es
por tanto la virtud un modo de ser selectivo, siendo un término medio relativo
a nosotros, determinado por la razón y por aquello que decidiría el hombre
prudente”
Definida
la virtud, Aristóteles definirá la vida feliz, como aquella que es conforme a
la virtud.
Vinculación ética y política.
Aristóteles afirma que el hombre es
por naturaleza un animal político y social. En la naturaleza de cada cosa hay
una tendencia a alcanzar su propia perfección en la cual consiste su bien.
Ahora bien, el hombre no puede alcanzar su perfección en aislamiento, porque el
individuo aislado no se basta a sí mismo. Por esta razón se agrupa en
comunidades: la familia, la aldea, la polis. La ciudad, la polis, es el telos
(fin) de la evolución de las distintas formas de comunidad, y si bien es
posterior históricamente a éstas, es más perfecta y por eso tiene prioridad de
naturaleza.
La ciudad es por naturaleza
anterior al individuo, porque si el individuo separado no se basta a sí mismo,
será como una parte separada del todo, y el que no puede vivir en sociedad o no
necesita nada por su propia autosuficiencia, no es un hombre, sino una bestia o
un dios. Cada nivel de asociación
(familia, aldea, ciudad) tiene su telos específico: la familia busca perpetuar
la especie, la aldea busca satisfacer las necesidades cotidianas, y la ciudad
existe para la consecución de una vida plena y feliz.
El
fin de la política no es otro que el propio fin ético: la vida buena de los
ciudadanos.
El gobierno perfecto, es aquel que
procura a todos los ciudadanos el goce de la más perfecta felicidad, dividiendo
estos goces en tres clases diferentes: bienes externos (riqueza, poder), los
bienes del cuerpo (salud, placer) y loa bienes del alma (contemplación, sabiduría),
consistiendo así la felicidad en la reunión de todos estos.
El Estado más perfecto es aquel en
el cual cada ciudadano puede, gracias a las leyes, practicar lo mejor posible
la virtud, y asegurar la felicidad.
Dentro del Estado, la virtud ética
superior es la justicia, que la entiende como dar a cada cual lo que es debido.
Hay dos clases:
- Justicia distributiva: distribuir
ventajas y desventajas que corresponden a cada miembro de una sociedad según su
mérito.
- Justicia conmutativa: restaurar la igualdad
perdida, dañada o violada, a través de una retribución o reparación regulada
por un contrato.
La justicia es la virtud que
asegura y consolida el orden en la polis, armonizando los derechos y deberes de
los miembros de la comunidad.