filosofía

No procuro saber las respuestas sino comprender los interrogantes...

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Cap. III del Génesis Bíblico

Capítulo 3:
1 - La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que el Señor Dios había hecho, y dijo a la mujer: "¿Así que Dios les ordenó que no comieran de ningún árbol del jardín?".
2 - La mujer le respondió: "Podemos comer los frutos de todos los árboles del jardín.
3 - Pero respecto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: ‘No coman de él ni lo toquen, porque de lo contrario quedarán sujetos a la muerte’".
4 - La serpiente dijo a la mujer: "No, no morirán.
5 - Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal".
6 - Cuando la mujer vio que el árbol era apetitoso para comer, agradable a la vista y deseable para adquirir discernimiento, tomó de su fruto y comió; luego se lo dio a su marido, que estaba con ella, y él también comió.
7 - Entonces se abrieron los ojos de los dos y descubrieron que estaban desnudos. Por eso se hicieron unos taparrabos, entretejiendo hojas de higuera.
8 - Al oír la voz del Señor Dios que se paseaba por el jardín, a la hora en que sopla la brisa, se ocultaron de él, entre los árboles del jardín.
9 - Pero el Señor Dios llamó al hombre y le dijo: "¿Dónde estás?".
10 - "Oí tus pasos por el jardín, respondió él, y tuve miedo porque estaba desnudo. Por eso me escondí".
11 - Él replicó: "¿Y quién te dijo que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol que yo te prohibí?".
12 - El hombre respondió: "La mujer que pusiste a mi lado me dio el fruto y yo comí de él".
13 - El Señor Dios dijo a la mujer: "¿Cómo hiciste semejante cosa?". La mujer respondió: "La serpiente me sedujo y comí".
14 - Y el Señor Dios dijo a la serpiente: "Por haber hecho esto, maldita seas entre todos los animales domésticos y entre todos los animales del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre, y comerás polvo todos los días de tu vida.
15 - Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo. Él te aplastará la cabezay tú le acecharás el talón".
16 - Y el Señor Dios dijo a la mujer: "Multiplicaré los sufrimientos de tus embarazos; darás a luz a tus hijos con dolor. Sentirás atracción por tu marido, y él te dominará".
17 - Y dijo al hombre: "Porque hiciste caso a tu mujer y comiste del árbol que yo te prohibí,maldito sea el suelo por tu culpa.Con fatiga sacarás de él tu alimento todos los días de tu vida.
18 - Él te producirá cardos y espinas y comerás la hierba del campo.
19 - Ganarás el pan con el sudor de tu frente,hasta que vuelvas a la tierra,de donde fuiste sacado.¡Porque eres polvo y al polvo volverás!".
20 - El hombre dio a su mujer el nombre de Eva, por ser ella la madre de todos los vivientes.
21 - El Señor Dios hizo al hombre y a su mujer unas túnicas de pieles y los vistió.
22 - Después el Señor Dios dijo: "El hombre ha llegado a ser como uno de nosotros en el conocimiento del bien y del mal. No vaya a ser que ahora extienda su mano, tome también del árbol de la vida, coma y viva para siempre".
23 - Entonces expulsó al hombre del jardín de Edén, para que trabajara la tierra de la que había sido sacado.
24 - Y después de expulsar al hombre, puso al oriente del jardín de Edén a los querubines y la llama de la espada zigzagueante, para custodiar el acceso al árbol de la vida.

lunes, 13 de julio de 2015

EPICURO



Epicuro - Ética epicúrea
Epicuro nació en Samos en 341 a.c. y murió en el 270 a.c., a pesar de no haber ejercido gran influencia en la filosofía posterior a su época, fueron estimadas sus máximas y respetadas por muchos de sus contemporáneos. Fue el creador de una comunidad denominada “el jardín”, puesto que era en el jardín de una casa que adquirió en Atenas, donde un grupo de hombres y de mujeres (cuestión novedosa para la época) se reunían para cultivar la amistad y la filosofía.
Estas dos (amistad y filosofía) eran las claves para conseguir la felicidad y por consiguiente a ellas dedico su vida, como la filosofía permitía alcanzar la felicidad, toda persona debía acercarse a ella “ni el joven postergue el filosofar, ni el anciano se aburra de hacerlo”, pues nadie está fuera de lugar ni por muy joven ni por muy anciano, el buscar la tranquilidad del alma. Y quien dice o que no ha llegado el tiempo de filosofar o que ya se ha pasado, es semejante a quien dice que no ha llegado el tiempo de buscar la felicidad o que ya ha pasado, así deben filosofar ancianos y jóvenes, aquellos para enseñar a los jóvenes, y estos para reunir al mismo tiempo juventud y experiencia”
No hay edad para buscar la felicidad así como no hay edad para filosofar, la doctrina epicúrea se basa en su ética basada en la concepción del bien como placer sereno y duradero principio y fin del vivir feliz.
Felicidad es la conjunción de dos factores:
A-Ataraxia
B-Hedone
La ataraxia es la ausencia de preocupaciones, el hedoné es el placer, es decir la tranquilidad del alma y la ausencia del dolor.
Los principios para vivir una vida honesta son:
1-Creer que dios es un ser viviente, inmortal y bien aventurado, pero no darle no mas atributos que eso, por eso no debemos temerles, pues están demasiado alejados como para ello.
2-La muerte nada es contra nosotros, porque todo bien y todo mal residen en la sensibilidad y la muerte no es otra cosa que la pérdida de la sensibilidad.
La muerte en nada nos pertenece, es tonto quien le teme a la muerte, no porque le entristezca su presencia sino porque sabe que va a venir y lo que no nos perturba en el presente tampoco debe perturbarnos en el futuro “la muerte, el más horrendo de los males en nada nos pertenece, pues mientras nosotros vivimos no ha llegado y cuando llego ya no vivimos”.
El sabio no rechaza vivir ni teme no vivir.
3-El futuro ni depende enteramente de nosotros ni tampoco no es totalmente ajeno, de modo que no debemos desesperarnos como si este no fuera a venir nunca.


Sabio es aquel que no le teme o que ha expulsado del todo temor, que no le teme a esas cosas.
El placer es el principio y el fin del vivir felizmente, este es el bien primero y principal, de el provienen toda elección y rechazo. Todo deleite es un bien en la medida en que tenemos por compañera a la naturaleza, todo dolor es un mal pero no siempre debemos huir de todos los dolores, debemos discernir y juzgar las cosas respecto a su conveniencia o inconveniencia, es un gran bien contentarnos con lo suficiente, no porque siempre debamos tener poco sino para vivir con poco cuando no tenemos mucho. No son las relaciones sexuales ni el sabor de los manjares los que producen una vida feliz, sino un sobrio raciocinio.
Hay tres tipos de placeres:
1-Naturales y necesarios, ejemplo: satisfacer nuestro apetito con comidas naturales.
2-Naturales y no necesarios, ejemplo: disfrutar de una comida apetitosa.
3-No naturales y no necesarios, ejemplo: Asistir a una obra de teatro.
Los placeres que no son naturales son placeres vanos, debemos evitar los placeres vanos.
Es muy importante ser prudente, la prudencia es la mayor virtud porque gracias a ella podemos elegir los placeres y evitar males futuros.
Nadie puede vivir felizmente sin ser prudente, honesto y justo, la felicidad es inseparable de las virtudes.
Todo placer es un bien, pero no se ha de elegir cualquier goce, debemos discernir las cosas por comparación y juzgarlas con respecto a su conveniencia o inconveniencia, Epicuro valora como placer fundamental la tranquilidad del alma (ataraxia) y la ausencia del dolor, el placer esta en el reposo, la ataraxia es decir ausencia de perturbaciones y aponía es decir ausencia de dolor son placeres estables en cambio el goce y la alegría son placeres en movimiento, cuando habla del placer como fin no habla precisamente de ellos.
Ni la posesión de riquezas ni la obtención de cargos, o el poder producen la bienaventuranza sino la ausencia de dolor, la moderación en los afectos y la disposición de espíritu para que se mantenga en los límites impuestos por la naturaleza.
Su ética es hedonista y es naturalista, identifica lo natural con lo bueno.


CARTA A MENECEO

Que nadie, mientras sea joven, se muestre remiso en filosofar, ni, al llegar a viejo, de filosofar se canse. Porque, para alcanzar la salud del alma, nunca se es demasiado viejo ni demasiado joven. Quien afirma que aún no le ha llegado la hora o que ya le pasó la edad, es como si dijera que para la felicidad no le ha llegado aún el momento, o que ya lo dejó atrás. Así pues, practiquen la filosofía tanto el joven como el viejo; uno, para que aún envejeciendo, pueda mantenerse joven en su felicidad gracias a los recuerdos del pasado; el otro, para que pueda ser joven y viejo a la vez mostrando su serenidad frente al porvenir. Debemos meditar, por tanto, sobre las cosas que nos reportan felicidad, porque, si disfrutamos de ella, lo poseemos todo y, si nos falta, hacemos todo lo posible para obtenerla. Los principios que siempre te he ido repitiendo, practícalos y medítalos aceptándolos como máximas necesarias para llevar una vida feliz. Considera, ante todo, a la divinidad como un ser incorruptible y dichoso -tal como lo sugiere la noción común- y no le atribuyas nunca nada contrario a su inmortalidad, ni discordante con su felicidad. Piensa como verdaderos todos aquellos atributos que contribuyan a salvaguardar su inmortalidad. Porque los dioses existen: el conocimiento que de ellos tenemos es evidente, pero no son como la mayoría de la gente cree, que les confiere atributos discordantes con la noción que de ellos posee. Por tanto, impío no es quien reniega de los dioses de la multitud, sino quien aplica las opiniones de la multitud a los dioses, ya que no son intuiciones, sino presunciones vanas, las razones de la gente al referirse a los dioses, según las cuales los mayores males y los mayores bienes nos llegan gracias a ellos, porque éstos, entregados continuamente a sus propias virtudes, acogen a sus semejantes, pero consideran extraño a todo lo que les es diferente. Acostúmbrate a pensar que la muerte para nosotros no es nada, porque todo el bien y todo el mal residen en las sensaciones, y precisamente la muerte consiste en estar privado de sensación. Por tanto, la recta convicción de que la muerte no es nada para nosotros nos hace agradable la mortalidad de la vida; no porque le añada un tiempo indefinido, sino porque nos priva de un afán desmesurado de inmortalidad. Nada hay que cause temor en la vida para quien está convencido de que el no vivir no guarda tampoco nada temible. Es estúpido quien confiese temer la muerte no por el dolor que pueda causarle en el momento en que se presente, sino porque, pensando en ella, siente dolor: porque aquello cuya presencia no nos perturba, no es sensato que nos angustie durante su espera. El peor de los males, la muerte, no significa nada para nosotros, porque mientras vivimos no existe, y cuando está presente nosotros no existimos. Así pues, la muerte no es real ni para los vivos ni para los muertos, ya que está lejos de los primeros y, cuando se acerca a los segundos, éstos han desaparecido ya. A pesar de ello, la mayoría de la gente unas veces rehuye la muerte viéndola como el mayor de los males, y otras la invoca para remedio de las desgracias de esta vida. El sabio, por su parte, ni desea la vida ni rehuye el dejarla, porque para él el vivir no es un mal, ni considera que lo sea la muerte. Y así como de entre los alimentos no escoge los más abundantes, sino los más agradables, del mismo modo disfruta no del tiempo más largo, sino del más intenso placer. El que exhorta al joven a una buena vida y al viejo a una buena muerte es un insensato, no sólo por las cosas agradables que la vida comporta, sino porque la meditación y el arte de vivir y de morir bien son una misma cosa. Y aún es peor quien dice: bello es no haber nacido pero, puesto que nacimos, cruzar cuanto antes las puertas del Hades Si lo dice de corazón, ¿por qué no abandona la vida? Está en su derecho, si lo ha meditado bien. Por el contrario, si se trata de una broma, se muestra frívolo en asuntos que no lo requieren. Recordemos también que el futuro no es nuestro, pero tampoco puede decirse que no nos pertenezca del todo. Por lo tanto no hemos de esperarlo como si tuviera que cumplirse con certeza, ni tenemos que desesperarnos como si nunca fuera a realizarse. Del mismo modo hay que saber que, de los deseos, unos son necesarios, los otros vanos, y entre los naturales hay algunos que son necesarios y otros tan sólo naturales. De los necesarios, unos son indispensables para conseguir la felicidad; otros, para el bienestar del cuerpo; otros, para la propia vida. De modo que, si los conocemos bien, sabremos relacionar cada elección o cada negativa con la salud del cuerpo o la tranquilidad del alma, ya que éste es el objetivo de una vida feliz, y con vistas a él realizamos todos nuestros actos, para no sufrir ni sentir turbación. Tan pronto como lo alcanzamos, cualquier tempestad del alma se serena, y al hombre ya no le queda más que desear ni busca otra cosa para colmar el bien del alma y del cuerpo. Pues el placer lo necesitamos cuando su ausencia nos causa dolor, pero, cuando no experimentamos dolor, tampoco sentimos necesidad de placer. Por este motivo afirmamos que el placer es el principio y fin de una vida feliz, porque lo hemos reconocido como un bien primero y congénito, a partir del cual iniciamos cualquier elección o aversión y a él nos referimos al juzgar los bienes según la norma del placer y del dolor. Y, puesto que éste es el bien primero y connatural, por ese motivo no elegimos todos los placeres, sino que en ocasiones renunciamos a muchos cuando de ellos se sigue un trastorno aún mayor. Y muchos dolores los consideramos preferibles a los placeres si obtenemos un mayor placer cuanto más tiempo hayamos soportado el dolor. Cada placer, por su propia naturaleza, es un bien, pero no hay que elegirlos todos. De modo similar, todo dolor es un mal, pero no siempre hay que rehuir del dolor. Según las ganancias y los perjuicios hay que juzgar sobre el placer y el dolor, porque algunas veces el bien se torna en mal, y otras veces el mal es un bien. La autarquía la tenemos por un gran bien, no porque debamos siempre conformarnos con poco, sino para que, si no tenemos mucho, con este poco nos baste, pues estamos convencidos de que de la abundancia gozan con mayor dulzura aquellos que mínimamente la necesitan, y que todo lo que la naturaleza reclama es fácil de obtener, y difícil lo que representa un capricho. Los alimentos frugales proporcionan el mismo placer que los exquisitos, cuando satisfacen el dolor que su falta nos causa, y el pan y el agua son motivo del mayor placer cuando de ellos se alimenta quien tiene necesidad. Estar acostumbrado a una comida frugal y sin complicaciones es saludable, y ayuda a que el hombre sea diligente en las ocupaciones de la vida; y, si de modo intermitente participamos de una vida más lujosa, nuestra disposición frente a esta clase de vida es mejor y nos mostramos menos temerosos respecto a la suerte. Cuando decimos que el placer es la única finalidad, no nos referimos a los placeres de los disolutos y crápulas, como afirman algunos que desconocen nuestra doctrina o no están de acuerdo con ella o la interpretan mal, sino al hecho de no sentir dolor en el cuerpo ni turbación en el alma. Pues ni los banquetes ni los festejos continuados, ni el gozar con jovencitos y mujeres, ni los pescados ni otros manjares que ofrecen las mesas bien servidas nos hacen la vida agradable, sino el juicio certero que examina las causas de cada acto de elección y aversión y sabe guiar nuestras opiniones lejos de aquellas que llenan el alma de inquietud. El principio de todo esto y el bien máximo es el juicio, y por ello el juicio -de donde se originan las restantes virtudes- es más valioso que la propia filosofía, y nos enseña que no existe una vida feliz sin que sea al mismo tiempo juiciosa, bella y justa, ni es posible vivir con prudencia, belleza y justicia sin ser feliz. Pues las virtudes son connaturales a una vida feliz, y el vivir felizmente se acompaña siempre de virtud. Porque, ¿A qué hombre considerarías superior a aquel que guarda opiniones piadosas respecto a los dioses, se muestra tranquilo frente a la muerte, sabe qué es el bien de acuerdo con la naturaleza, tiene clara conciencia de que el límite de los bienes es fácil de alcanzar y el límite de los males, por el contrario, dura poco tiempo, y comporta algunas penas; que se burla del destino, considerado por algunos señor absoluto de todas las cosas, afirmando que algunas suceden por necesidad, otras casualmente; otras, en fin, dependen de nosotros, porque se da cuenta de que la necesidad es irresponsable, el azar inestable, y, en cambio, nuestra voluntad es libre, y, por ello, digna de merecer repulsa o alabanza? Casi era mejor creer en los mitos sobre los dioses que ser esclavo de la predestinación de los físicos; porque aquéllos nos ofrecían la esperanza de llegar a conmover a los dioses con nuestras ofrendas; y el destino, en cambio, es implacable. Y el sabio no considera la fortuna como una divinidad -tal como la mayoría de la gente cree- , pues ninguna de las acciones de los dioses carece de armonía, ni tampoco como una causa no fundada en la realidad, ni cree que aporte a los hombres ningún bien ni ningún mal relacionado con su vida feliz, sino solamente que la fortuna es el origen de grandes bienes y de grandes calamidades. El sabio cree que es mejor guardar la sensatez y ser desafortunado que tener fortuna con insensatez. Lo preferible, ciertamente, en nuestras acciones, es que el buen juicio prevalezca con la ayuda de la suerte. Estos consejos, y otros similares medítalos noche y día en tu interior y en compañía de alguien que sea como tú, y así nunca, ni estando despierto ni en sueños, sentirás turbación, sino que, por el contrario, vivirás como un dios entre los hombres. Pues en nada se parece a un mortal el hombre que vive entre bienes imperecederos.







ARISTÓTELES

Ética a Nicómaco
Nace en Estagira (Macedonia, Grecia del Norte) a los 17 años viajó a Atenas e ingresó a la Academia fundada por Platón. Permaneció allí 20 años, primero como estudiante, y luego como colaborador de Platón. A la muerte de éste, Aristóteles abandona la ciudad de Atenas,  y se dirige a Asia menor. Fue maestro de Alejandro Magno, hasta que éste heredó el trono de su padre.  Vuelve a Atenas y funda un centro superior de estudios denominado Liceo. Al morir Alejandro Magno, (323a.c) se produjo en Atenas una reacción contra la soberanía macedonica y nuevamente Aristóteles emigra, y se refugia en la isla de Eubea donde fallece a los 62 años de edad.
Sus obras abarcan los ámbitos más dispares desde la metafísica o la lógica hasta la física o la biología, por la poética y la política. Entre sus obras destacamos dentro de la ética, “Ética a Nicómaco”

Libro I: Sobre la felicidad.
I.
“Todo arte y toda investigación e, igualmente, toda acción y libre elección parecen tender a algún bien, por esto se ha manifestado, con razón, que el bien es aquello hacia lo que todas las cosas tienden”
“Pero como hay muchas acciones, artes y ciencias, muchos son también los fines; en efecto, el fin de la medicina es la salud; el de la construcción naval, el navío; el de la estrategia, la victoria; el de la economía, la riqueza. Pero cuántas de ellas están subordinadas a una sola facultad (como la fabricación de frenos y todos los otros arreos de los caballos se subordinan a la equitación, y, a su vez, ésta y toda actividad guerrera se subordinan a la estrategia, y del mismo modo otras artes se subordinan a otras diferentes), en todas ellas los fines de las principales son preferibles a los de las subordinadas, ya que es con vistas a los primeros como se persiguen los segundos. Y no importa que los fines de las acciones sean las actividades mismas o algo diferente de ellas, como ocurre en las ciencias mencionadas”

II.
“Si, pues, entre las cosas que hacemos hay algún fin que queramos por sí mismo, y las demás cosas por causa de él, y lo que elegimos no está determinado por otra cosa --pues así el proceso seguiría hasta el infinito, de suerte que el deseo sería vacío y vano--, es evidente que este fin será lo bueno y lo mejor. ¿No es verdad, entonces, que el conocimiento de este bien tendrá un gran peso en nuestra vida y que, como aquellos que apuntan a un blanco, alcanzaríamos mejor el que debemos alcanzar? Si es así, debemos intentar determinar bien y a cuál de las ciencias o facultades pertenece. Esquemáticamente al menos, cuál es este”
IV.
“Sobre su nombre, casi todo el mundo está de acuerdo, pues tanto el vulgo como los cultos dicen que es la felicidad, y piensan que vivir bien y obrar bien es lo mismo que ser feliz. Pero sobre lo que es la felicidad discuten y no lo explican del mismo modo el vulgo y los sabios. Pues unos creen que es alguna de las cosas tangibles y manifiestas como el placer, o la riqueza, o los honores; otros, otra cosa; muchas veces, incluso, una misma persona opina cosas distintas: si está enferma, piensa que la felicidad es la salud; si es pobre, la riqueza; los que tienen conciencia de su ignorancia admiran a los que dicen algo grande y que está por encima de ellos.”


V.
“No es sin razón que los hombres parecen entender el bien y la felicidad partiendo de los diversos géneros de vida. Así el vulgo y los más groseros los identifican con el placer, y, por eso, aman la vida voluptuosa --los principales modos de vida son, en efecto, tres: la que acabamos de decir, la política, y, en tercer lugar, la contemplativa”
“En cambio, los mejor dotados y los activos creen que el bien son los honores, pues tal es ordinariamente el fin de la vida política. Pero, sin duda, este bien es más superficial que lo que buscamos, ya que parece que radica más en los que conceden los honores que en el honrado, y adivinamos que el bien es algo propio y difícil de arrebatar. Por otra parte, esos hombres parecen perseguir los honores para persuadirse a sí mismos de que son buenos, pues buscan ser honrados por los hombres sensatos y por los que los conocen, y por su virtud; es evidente, pues, que, en opinión de estos hombres, la virtud es superior.”
“El tercer modo de vida es el contemplativo, que examinaremos más adelante”

“En cuanto a la vida de negocios, es algo violento, y es evidente que la riqueza no es el bien que buscamos, pues es útil en orden a otro. Por ello, uno podría considerar como fines los antes mencionados, pues éstos se quieren por sí mismos, pero es evidente que tampoco lo son, aunque muchos argumentos han sido formulados sobre ellos. Dejémosles, pues.”
VII:
Pero volvamos de nuevo al bien objeto de nuestra investigación e indaguemos qué es. Porque parece ser distinto en cada actividad y en cada arte: uno es, en efecto, en la medicina, otro en la estrategia, y así sucesivamente. ¿Cuál es, por tanto, el bien de cada una? ¿No es aquello a causa de lo cual se hacen las demás cosas? Esto es, en la medicina, la salud; en la estrategia, la victoria; en la arquitectura, la casa; en otros casos, otras cosas, y en toda acción y decisión es el fin, pues es con vistas al fin corno todos hacen las demás cosas. De suerte que, si hay algún fin de todos los actos, éste será el bien realizable, y si hay varios, serán éstos. Nuestro razonamiento, a pesar de las digresiones, vuelve al mismo punto; pero debemos intentar aclarar más esto

Puesto que parece que los fines son varios y algunos de éstos los elegimos por otros, como la riqueza, las flautas y, en general, los instrumentos, es evidente que no son todos perfectos, pero lo mejor parece ser algo perfecto. Por consiguiente, si hay sólo un bien perfecto, ése será el que buscamos, y si hay varios, el más perfecto de ellos.

Ahora bien, al que se busca por sí mismo le llamamos más perfecto que al que se busca por otra cosa, y al que nunca se elige por causa de otra cosa, lo consideramos más perfecto que a los que se eligen, ya por sí mismos, ya por otra cosa. Sencillamente, llamamos perfecto lo que siempre se elige por sí mismo y nunca por otra cosa.

Tal parece ser, sobre todo, la felicidad pues la elegimos por ella misma y nunca por otra cosa, mientras que los honores, el placer, la inteligencia y toda virtud, los deseamos en verdad, por sí mismos (puesto que desearíamos todas estas cosas, aunque ninguna ventaja resultara de ellas), pero también los deseamos a causa de la felicidad, pues pensamos que gracias a ellos seremos felices. En cambio, nadie busca la felicidad por estas cosas, ni en general por ninguna otra.

Parece que también ocurre lo mismo con la autarquía, pues el bien perfecto parece ser suficiente. Decimos suficiente no en relación con uno mismo, con el ser que vive una vida solitaria, sino también en relación con los padres, hijos y mujer, y, en general, con los amigos y conciudadanos, puesto que el hombre es por naturaleza un ser social. No obstante, hay que establecer un limite en estas relaciones, pues extendiéndolas a los padres, descendientes y amigos de los amigos, se iría hasta el infinito. Pero esta cuestión la examinaremos luego. Consideramos suficiente lo que por sí solo hace deseable la vida y no necesita nada, y creemos que tal es la felicidad. Es lo más deseable de todo, sin necesidad de añadirle nada, pero es evidente que resulta más deseable, si se le añade el más pequeño de los bienes, pues la adición origina una superabundancia de bienes, y, entre los bienes, el mayor es siempre más deseable. Es manifiesto, pues, que la felicidad es algo perfecto y suficiente, ya que es el fin de los actos.

Decir que la felicidad es lo mejor parece ser algo unánimemente reconocido, pero, con todo, es deseable exponer aún con más claridad lo que es. Acaso se conseguiría esto, si se lograra captar la función del hombre. En efecto, como en el caso de un flautista, de un escultor y, de todo artesano, y en general de los que realizan alguna función o actividad parece que lo bueno, y el bien están en la función, así también ocurre, sin duda, en el caso del hombre, si hay alguna función que le es propia. ¿Acaso existen funciones y actividades propias del carpintero, del zapatero, pero ninguna del hombre, sino que éste es por naturaleza inactivo? ¿O no es mejor admitir que así como parece que hay alguna función propia del ojo y de la mano y del pie, y en general de cada uno de los miembros, así también pertenecería al hombre alguna función aparte de éstas? ¿Y cuál, precisamente, será esta función? El vivir, en efecto, parece también común a las plantas, y aquí buscamos lo propio. Debemos, pues, dejar de lado la vida de nutrición y crecimiento. Seguiría después la sensitiva, pero parece que también ésta es común al caballo, al buey y a todos los animales. Resta, pues, cierta actividad propia del ente que tiene razón. Pero aquél, por una parte, obedece a la razón, y por otra, la posee y piensa. Y como esta vida racional tiene dos significados, hay que tomarla en sentido activo, pues parece que primordialmente se dice en esta acepción.

Si, entonces, la función propia del hombre es una actividad del alma según la razón, o que implica la razón, y si, por otra parte, decimos que esta función es específicamente propia del hombre y del hombre bueno, como el tocar la cítara es propio de un citarista y de un buen citarista, y así en todo añadiéndose a la obra la excelencia queda la virtud (pues es propio, de un citarista tocar la cítara y del buen citarista tocarla bien), siendo esto así, decimos que la función del hombre es una cierta vida, y ésta es una actividad del alma y unas acciones razonables, y la del hombre bueno estas mismas cosas bien y hermosamente, y cada uno se realiza bien según su propia virtud.

Y si esto es así, resulta que el bien del hombre es una actividad del alma de acuerdo con la virtud, y si las virtudes son varias, de acuerdo con la mejor y más perfecta, y además en una vida entera. Porque una golondrina no hace verano, ni un solo día, y así tampoco ni un solo día ni un instante bastan para hacer venturoso y feliz
.”

 






Libro II: Naturaleza de la virtud ética
V.
“Vamos ahora a investigar que es la virtud. Puesto que son tres las cosas que suceden en el alma, pasiones, facultades y modos de ser, la virtud ha de pertenecer a una de ellas. Entiendo por pasiones apetencia, ira, miedo, coraje, envidia, alegría, amor, odio, deseo, celos, compasión, y en general, todo lo que va acompañado de placer o dolor. Por facultades aquellas capacidades en virtud de las cuales se dice que estamos afectados por estas pasiones, por ejemplo aquello por lo que somos capaces de entristecernos o compadecernos; y por modos de ser, aquello en virtud de lo cual nos comportamos bien o mal respecto de las pasiones. (…)Por tanto, ni las virtudes ni los vicios son pasiones, porque no se nos llama buenos o malos por nuestras pasiones , sino por nuestras virtudes y nuestros vicios (…) Tampoco son facultades, pues ni se nos llama buenos o malos por ser simplemente capaces de sentir las pasiones, ni se nos elogia o censura. Además es por naturaleza como tenemos esa facultad, pero no somos buenos o malos por naturaleza, (…) así pues, si las virtudes no son ni pasiones ni facultades, solo restan que sean modos de ser.”
VI.
“Llamo término medio de una cosa al que dista lo mismo de ambos extremos, y éste es uno y el mismo para todos; y en relación con nosotros, al que ni excede ni se queda corto, y este no es ni uno ni el mismo para todos. Por ejemplo, si diez es mucho y dos es poco, se toma el seis como término medio en cuanto a la cosa (…)Pero el medio relativo a nosotros, no ha de tomarse de la misma manera, pues si para uno es mucho comer diez minas de alimentos, y poco comer dos, el entrenador no prescribirá seis minas, pues probablemente esa cantidad será mucho p poco para el que ha de tomarla: para Milón, poco; para el que se inicia en los ejercicios corporales, mucho. Así pues, todo conocedor evita el exceso y el defecto y busca el término medio y lo prefiere; pero no el término medio de la cosa, sin el relativo a nosotros”
“Es por tanto la virtud, un modo de ser selectivo, siendo un término medio relativo a nosotros, determinado por la razón y por aquello por lo que decidiría el hombre prudente”

Libro X
VII.
“Si la felicidad es una actividad conforme a la virtud, es razonable que sea conforme  a la virtud más excelente, y esta será la virtud de lo mejor que hay en el hombre. (…) que es una actividad contemplativa, asimismo puede sostenerse que la actividad contemplativa es la única que se ama por sí misma, porque de ella no resulta nada fuera de la contemplación, al paso que la acción práctica nos afanamos más o menos por algún resultado extraño a la acción
   



  


 Aristóteles. La virtud como término medio.
“Llamo término medio de una cosa a lo que dista igualmente de uno y otro de los extremos, lo cual es uno y lo mismo para todos. Mas con respecto a nosotros el medio es lo que no es excesivo ni defectuoso, pero esto ya no es uno ni lo mismo para todos. Por ejemplo: sí diez es mucho y dos poco, tomamos seis como término medio en la cosa, puesto que por igual excede y es excedido, y es el término medio según la proporción aritmética. Para nosotros, en cambio, ya no puede tomarse así. Si para alguien es mucho comer por valor de diez minas y poco por valor de dos, no por esto el maestro de gimnasia prescribirá una comida de seis minas, pues también esto podría ser mucho o poco para quien hubiera de tomarla: poco para Milón, y mucho para quien empiece los ejercicios gimnásticos. Y lo mismo en la carrera y en la lucha. Así, todo conocedor rehuye el exceso y el defecto, buscando y prefiriendo el término medio, pero el término medio no de la cosa, sino para nosotros. Si, por tanto, todo arte o ciencia consuma bien su obra mirando al término medio y encaminando a él los trabajos - y de aquí que a menudo se diga de las bellas obras de arte que no es posible ni quitarles ni añadirles nada, dando a entender que el exceso y el defecto estragan la perfección, en tanto que el término medio la conserva-, si, pues, como decimos, los buenos artífices operan atendiendo a esto, y si, por otra parte, la virtud, corno la naturaleza, es más exacta y mejor que todo arte, ella también, de consiguiente, deberá apuntar al término medio. Hablo, bien entendido, de la virtud moral, que tiene por materia pasiones y acciones, en las cuales hay exceso y defecto y término medio.”
Aristóteles, Ética a Nicómaco, Libro II.
Análisis del contenido: 
·         Para captar las ideas principales del texto, indica si son correctas o no las siguientes afirmaciones. En caso de que no se ajusten a lo que dice el texto, corrígelas.
-          Término medio es aquello alejado en igual medida de los dos extremos, el exceso y el defecto
-          El término medio es como una medida aritmética válida para todos
-          Como toda actividad bien hecha, a la que no le falta ni le sobra nada, el comportamiento ético virtuoso es aquel que, guiado por el conocimiento, tiende hacia el término medio
-          La virtud dianoética, aquella que se refiere a las acciones, consiste en un término medio
·         ¿Qué titulo escoges?
-          La ética de la moderación
-          Medida aritmética
-          Un término medio para todos
·         Explica:
-          El término medio es aplicado sólo a unas determinadas virtudes, pero no a todas. ¿A cuáles no y por qué?
-          La valentía, la generosidad, son ejemplos de virtudes éticas, a las que se aplica la pauta del término medio. ¿Por qué?
·         Para reflexionar:
-          Si la virtud es entendida como moderación en todas las cosas, ¿podemos afirmar que el buen estudiante, es el que no estudia ni mucho ni poco? ¿qué crees que diría Aristóteles al respecto? ¿qué opinas tú?


Ética a Nicómaco
Estructura de la obra: se divide en diez libros
Libro I: plantea que es la felicidad (fin inclusivo)
Libro II al V: habla sobre las virtudes morales o éticas
Libro VI: habla sobre las virtudes intelectuales o dianoéticas
Libro VII: habla sobre el vicio y la virtud
Libro VIII y IX: habla sobre la amistad
Libro X: vuelve al tema de la felicidad (fin inclusivo)


La ética para Aristóteles es aquella ciencia práctica, basada en el sentido común (es decir en los juicios rectos de hombres considerados como buenos y virtuosos) que nos muestra el estilo de vida necesario, para lograr la felicidad, que es el bien por excelencia.


La ética de Platón al igual que la socrática identificaban el bien con el conocimiento caracterizándose por un marcado intelectualismo. Por naturaleza el hombre tiende a buscar el bien, por lo que bastaría conocerlo, para obrar correctamente. Aristóteles se opone a este pensamiento ya que niega la trascendencia de un bien en sí o de la forma universal del bien. Nadie busca el bien en sí, sino su propio bien, y el bien propio de cada Ser está determinado por las posibilidades de su naturaleza. Llegar a este bien es justamente el sentido de la actividad de cada ser.




La felicidad como fin último (libro I y X)
La ética a Nicómaco comienza afirmando que toda acción humana se realiza en vistas a un fin y el fin de la acción es el fin que se busca. La filosofía aristotélica es teleológica, ya que todo tiende a una finalidad (telos es igual a fin). Toda conducta humana tiene un carácter intencional, siempre tendemos a un fin ya que una conducta sin finalidad sería absurda.  Para Aristóteles no podemos tender a algo que no sea bueno, por lo tanto fin y bien se igualan. El bien es aquello a lo que tienden todas las cosas.
 Toda actividad tiende a un fin que es a la vez un bien.
En la vida del hombre hay fines que no lo son en sí mismos sino que son medio para lograr otras cosas (hay fines subordinados a otros) por ejemplo, el fin de poner el despertador es venir a clase, el fin de venir a clase es aprender y así sucesivamente.
Para Aristóteles debe haber un fin último, algo que queremos por sí mismo y al cual deben subordinarse todos los demás para que tengan sentido nuestras acciones. Pero: ¿Cuál debe ser ese fin último o bien supremo? Todo el mundo está de acuerdo que es la felicidad.
Felicidad en griego es Eudaimon, por eso la posición ética de Aristóteles se conoce como eudaimonia.  Ahora bien, hay un acuerdo en que el fin último es la felicidad, pero, ¿qué es la felicidad?
Para algunos la felicidad es la riqueza, para otros los honores y para otros los placeres, pero Aristóteles muestra que estas cosas no son buscadas por sí mismas. La riqueza no es un fin ya que no se busca por sí misma, sino para lograr otras cosas, es decir, es un medio. Los honores no dependen de nosotros sino de quien los concede, por lo tanto en este sentido la felicidad no dependería de nosotros mismos, sino de otros. Los placeres, y el placer en sí mismo, es inseguro e inconstante, ya que hace depender al hombre del objeto que le causa placer, pero para Aristóteles si bien placer no es sinónimo de felicidad, forma parte de ella, por ejemplo, el hombre justo siente placer al actuar justamente.
El bien supremo debe ser perfecto y autosuficiente, tiene que ser un fin en sí mismo, y no un medio, para lograr otra cosa, después que llego a él ninguna otra cosa puede ser deseable.
En el libro I la felicidad tiene varios bienes, son todos a la vez, pero no se identifica con ninguno. Ve a la felicidad como un fin inclusivo que implica la articulación de todos los bienes y el acento en la acción. La felicidad es obrar bien y vivir bien. Aquí se plantea el problema de si la felicidad radica en nosotros o procede de una fuente externa, ya que al decir, “obrar bien”  hace referencia a la virtud que es interna, y al decir “vivir bien” hace referencia a la buena suerte que es externa. Ahora bien, este concepto de felicidad como articuladora de bienes no explica que es la felicidad. Para ello hay que determinar cual es la actividad propia del hombre en cuanto hombre. Lo propio de cada cosa, su actividad proita es la virtud (areté). Lo propio del hombre es la razón,  para Aristóteles el hombre es una animal racional, por lo tanto un hombre será feliz, si vive conforme a la razón, es decir, conforme a su virtud. Vivir conforme a la razón puede entenderse de dos maneras: 1) vivir guiado o gobernado por la razón (modo de vida del hombre activo); 2) vivir dedicado a la razón (ideal de vida del hombre contemplativo)

El hombre como animal racional
El alma tiene dos partes, una racional y otra irracional. Dentro de la parte racional se encuentran las virtudes intelectuales o dianoéticas. Ésta a su vez se divide en una razón científica, que tiene por objeto lo necesario, lo que no puede ser de otra manera, y las virtudes que en ella se encuentran son la sabiduría y la ciencia; y una razón deliberativa que tiene como objeto lo contingente es decir, lo que puede ser de una forma y de otra, la virtud que prima en dicha razón es la prudencia.
Dentro de la parte irracional del alma, tenemos una parte que carece de razón llamada vegetativa y otra parte que también carece de razón pero puede ser modificada por ésta, es decir, participa de la razón, y se llama sensitiva. En ella se encuentran las virtudes éticas o morales, como la justicia, la templanza, y la generosidad.

En el libro X Aristóteles afirma que si la felicidad es una actividad conforme a la virtud, es razonable que sea la virtud más perfecta, la mejor que hay en el hombre, es decir, el entendimiento, que posee una actividad contemplativa. El ideal de felicidad perfecta sería una vida dedicada a la actividad teórica, a la contemplación permanente de la verdad: la vida contemplativa es un ideal superior. Aquí considera la felicidad como fin exclusivo. El fin último no tiene por que comprender todos los demás bienes y puede haber uno que excluya a los demás, en este caso, la contemplación.

Para concluir: tres formas de vida feliz
-      (rechaza la riqueza porque es un medio)
-      1) vida del placer (corporal). Lo excluye como sinónimo de felicidad, pero no como parte de ella
-      2) vida con los otros: vida activa, del conocimiento práctico: virtud ética
-      3) vida del conocimiento teórico, vida del sabio: contemplación (autarquía: solo depende de él mismo)
Libro II: virtud y tipos de virtudes
Si la felicidad es el bien del hombre, toda actividad que contribuya a su consecución, será virtuosa. La virtud no es una pasión ni una facultad del alma, es un modo de ser, es decir, un hábito. Nosotros no elegimos las pasiones que son la ira, el odio, los celos, sino que son innatos en el hombre, así como las facultades que son meras potencialidades. La virtud NO es innata al hombre. Si fueran propias de nuestra naturaleza, todos seríamos virtuosos por el simple hecho de ser hombres, y esto no ocurre así. La virtud se adquiere, por ejemplo, no se nace bueno o malo sino que se adquiere la bondad o la maldad. La virtud tampoco es una ciencia, ya que no por conocer que es la justicia somos justos, sino que soy justo realizando actos justos. Las virtudes se adquieren a través de las costumbres, el ejercicio y el hábito.
Aristóteles distingue dos clases de virtudes, de acuerdo con las funciones del alma. Las virtudes éticas están en la parte irracional del alma, son adquiridas a través de la costumbre o el hábito y regulan las relaciones entre los hombres. Las más importantes son la fortaleza, a justicia y la templanza. Las virtudes dianoéticas corresponden a la parte racional del alma, son propias del intelecto. Su origen no es innato sino que se aprenden a través de la educación. Son la sabiduría y la prudencia. La más importante es la prudencia. Consiste en la habilidad intelectual de discernir entre cosas que no son necesarias y las que si lo son. Esta virtud es guía de las demás virtudes morales. El hombre prudente sabe que es lo bueno y que es lo malo para el hombre. lo característico del hombre prudente es la deliberación, el fin último no está en discusión, por lo tanto se delibera sobre los medios para llegar a ello. La prudencia es directora de la conducta humana.

La virtud como término medio.
La virtud implica una cierta medida, un cierto orden la virtud se sitúa en un término medio entre dos vicios, uno por exceso y otro por defecto. Pero ¿cómo definir el justo medio? Podemos entender el término medio como absoluto (en cuanto al objeto) o relativo (en cuanto al sujeto). Según Aristóteles no hay una medida para definir en cada situación el justo medio. Cada hombre debe ser juez tal como lo haría siempre un hombre sabio y prudente.
¿Qué es entonces la virtud?
“Es por tanto la virtud un modo de ser selectivo, siendo un término medio relativo a nosotros, determinado por la razón y por aquello que decidiría el hombre prudente”


Definida la virtud, Aristóteles definirá la vida feliz, como aquella que es conforme a la virtud.


Vinculación ética y política.
Aristóteles afirma que el hombre es por naturaleza un animal político y social. En la naturaleza de cada cosa hay una tendencia a alcanzar su propia perfección en la cual consiste su bien. Ahora bien, el hombre no puede alcanzar su perfección en aislamiento, porque el individuo aislado no se basta a sí mismo. Por esta razón se agrupa en comunidades: la familia, la aldea, la polis. La ciudad, la polis, es el telos (fin) de la evolución de las distintas formas de comunidad, y si bien es posterior históricamente a éstas, es más perfecta y por eso tiene prioridad de naturaleza.
La ciudad es por naturaleza anterior al individuo, porque si el individuo separado no se basta a sí mismo, será como una parte separada del todo, y el que no puede vivir en sociedad o no necesita nada por su propia autosuficiencia, no es un hombre, sino una bestia o un dios.  Cada nivel de asociación (familia, aldea, ciudad) tiene su telos específico: la familia busca perpetuar la especie, la aldea busca satisfacer las necesidades cotidianas, y la ciudad existe para la consecución de una vida plena y feliz.

El fin de la política no es otro que el propio fin ético: la vida buena de los ciudadanos.

El gobierno perfecto, es aquel que procura a todos los ciudadanos el goce de la más perfecta felicidad, dividiendo estos goces en tres clases diferentes: bienes externos (riqueza, poder), los bienes del cuerpo (salud, placer) y loa bienes del alma (contemplación, sabiduría), consistiendo así la felicidad en la reunión de todos estos.
El Estado más perfecto es aquel en el cual cada ciudadano puede, gracias a las leyes, practicar lo mejor posible la virtud, y asegurar la felicidad.

Dentro del Estado, la virtud ética superior es la justicia, que la entiende como dar a cada cual lo que es debido.
Hay dos clases:
-      Justicia distributiva: distribuir ventajas y desventajas que corresponden a cada miembro de una sociedad según su mérito.
-      Justicia conmutativa: restaurar la igualdad perdida, dañada o violada, a través de una retribución o reparación regulada por un contrato.
La justicia es la virtud que asegura y consolida el orden en la polis, armonizando los derechos y deberes de los miembros de la comunidad.




ÉTICA Y MORAL

Ética y moral

Desde sus orígenes, entre los filósofos de la antigua Grecia, la ética es un tipo de saber normativo, esto es, un saber que pretende orientar las acciones de los seres humanos. También la moral es un saber que ofrece orientaciones para la acción, pero mientras ésta última propone acciones concretas en casos concretos, la ética, como filosofía moral, se remonta a  la reflexión sobre las distintas morales, y sobre los distintos modos de justificar racionalmente la vida moral, de modo que su manera de orientar la acción es indirecta.
La palabra Ética procede del griego “ethos” que significaba originariamente “morada” “lugar donde vivimos”, pero posteriormente paso a significar “el carácter” el “modo de ser”  que una persona o grupo va adquiriendo a lo largo de su vida.
Por su parte el término Moral, procede del latín “mos, moris”  que originariamente significaba “costumbre” pero que luego paso a significar también “carácter” o “modo de ser”.
De este modo, “Ética” y “Moral”, confluyen etimológicamente, en u significado casi idéntico: todo aquello que se refiere al modo de ser o carácter adquirido como resultado de poner en práctica unas costumbres o hábitos considerados buenos.
                                          Tomado de Adela Cortina y Emilio Martínez, Ética, Ed Akal, Madrid, 1998.


En las relaciones cotidianas de unos individuos con otros surgen constantemente problemas como estos: ¿Debo cumplir la promesa que hice ayer a mi amigo? Y a pesar de que hoy me doy cuenta de que su cumplimiento me producirá ciertos perjuicios? (…) ¿Debo decir la verdad siempre o hay ocasiones en que debo mentir? (…) En todos estos casos se trata de problemas prácticos, es decir, problemas que se plantean en las relaciones efectivas reales de unos individuos con otros. Se trata a su vez de problemas cuya solución no solo afecta al sujeto que se los plantea, sino también a otras personas que sufrirán las consecuencias de su decisión y acción (…)
Los individuos se enfrentan a la necesidad de ajustar su conducta a normas que se tiene por más adecuadas o dignas de ser cumplidas. Esas normas son aceptadas íntimamente y reconocidas como obligatorias; de acuerdo con ellas, los individuos comprenden que tienen el deber de actuar en una u otra dirección. En estos casos decimos que el hombre se comporta moralmente(…) A cerca de este comportamiento, que es el fruto de una decisión reflexiva …los demás juzgan, conforme también a normas establecidas y formulan juicios como estos: “X hizo bien al mentir en aquellas circunstancias”.
Nos encontramos pues, en la vida real con problemas prácticos del tipo de los enumerados a los que nadie puede sustraerse. Y para resolverlos, los individuos recurren a normas, realizan determinados actos, formulan juicios, y en ocasiones , emplean determinados argumentos o razones para justificar la decisión adoptada…
A este comportamiento práctico moral, sucede posteriormente la reflexión sobre él. Los hombres no sólo actúan moralmente sino que también reflexionan sobre ese comportamiento práctico. Se pasa así del plano de la práctica moral efectiva, vivida, a la moral reflexiva. Cuando se da este paso estamos ya en la esfera de los problemas teórico- morales, o éticos.
A diferencia de los problemas práctico-morales, los éticos se caracterizan por su generalidad, (…) la ética podrá decirle en general, lo que es una conducta sujeta a normas.
El problema de que hacer en cada situación correcta es un problema práctico-moral, no teórico-ético. En cambio, definir qué es lo bueno no es un problema moral que corresponda resolver a un individuo…sino un problema general de carácter teórico que toca resolver al investigador de la moral.
Los problemas teóricos y los prácticos, en el terreno moral, se diferencian por tanto, pero no se hallan separados por una muralla insalvable. Las soluciones que se den a los primeros no dejan de influir en el planteamiento y solución de los segundos … a su vez, los problemas que plantea la moral práctica, vivida constituyen la materia de reflexión, el hecho al que tiene que volver constantemente la teoría ética , para que ésta no sea una especulación estéril, sino la teoría de un modo efectivo, real de comportarse el hombre.
Tomado de Adolfo Sánchez Vázquez, Ética, Ed Crítica, Barcelona, 1984

Para reflexionar:
1)    Explica con tus palabras el significado de los términos “ética” y “moral”
2)    ¿Cuál es la importancia de la discusión ética?
3)    ¿Qué consecuencias podrían derivarse de la privación del individuo de su competencia argumentativa moral?
4)    ¿Se puede ser hombre sin ser moral? ¿Por qué?
5)    ¿Sería necesario comportarse moralmente en el caso de que existiera un solo hombre en el mundo?