filosofía

No procuro saber las respuestas sino comprender los interrogantes...

lunes, 13 de julio de 2015

ARISTÓTELES

Ética a Nicómaco
Nace en Estagira (Macedonia, Grecia del Norte) a los 17 años viajó a Atenas e ingresó a la Academia fundada por Platón. Permaneció allí 20 años, primero como estudiante, y luego como colaborador de Platón. A la muerte de éste, Aristóteles abandona la ciudad de Atenas,  y se dirige a Asia menor. Fue maestro de Alejandro Magno, hasta que éste heredó el trono de su padre.  Vuelve a Atenas y funda un centro superior de estudios denominado Liceo. Al morir Alejandro Magno, (323a.c) se produjo en Atenas una reacción contra la soberanía macedonica y nuevamente Aristóteles emigra, y se refugia en la isla de Eubea donde fallece a los 62 años de edad.
Sus obras abarcan los ámbitos más dispares desde la metafísica o la lógica hasta la física o la biología, por la poética y la política. Entre sus obras destacamos dentro de la ética, “Ética a Nicómaco”

Libro I: Sobre la felicidad.
I.
“Todo arte y toda investigación e, igualmente, toda acción y libre elección parecen tender a algún bien, por esto se ha manifestado, con razón, que el bien es aquello hacia lo que todas las cosas tienden”
“Pero como hay muchas acciones, artes y ciencias, muchos son también los fines; en efecto, el fin de la medicina es la salud; el de la construcción naval, el navío; el de la estrategia, la victoria; el de la economía, la riqueza. Pero cuántas de ellas están subordinadas a una sola facultad (como la fabricación de frenos y todos los otros arreos de los caballos se subordinan a la equitación, y, a su vez, ésta y toda actividad guerrera se subordinan a la estrategia, y del mismo modo otras artes se subordinan a otras diferentes), en todas ellas los fines de las principales son preferibles a los de las subordinadas, ya que es con vistas a los primeros como se persiguen los segundos. Y no importa que los fines de las acciones sean las actividades mismas o algo diferente de ellas, como ocurre en las ciencias mencionadas”

II.
“Si, pues, entre las cosas que hacemos hay algún fin que queramos por sí mismo, y las demás cosas por causa de él, y lo que elegimos no está determinado por otra cosa --pues así el proceso seguiría hasta el infinito, de suerte que el deseo sería vacío y vano--, es evidente que este fin será lo bueno y lo mejor. ¿No es verdad, entonces, que el conocimiento de este bien tendrá un gran peso en nuestra vida y que, como aquellos que apuntan a un blanco, alcanzaríamos mejor el que debemos alcanzar? Si es así, debemos intentar determinar bien y a cuál de las ciencias o facultades pertenece. Esquemáticamente al menos, cuál es este”
IV.
“Sobre su nombre, casi todo el mundo está de acuerdo, pues tanto el vulgo como los cultos dicen que es la felicidad, y piensan que vivir bien y obrar bien es lo mismo que ser feliz. Pero sobre lo que es la felicidad discuten y no lo explican del mismo modo el vulgo y los sabios. Pues unos creen que es alguna de las cosas tangibles y manifiestas como el placer, o la riqueza, o los honores; otros, otra cosa; muchas veces, incluso, una misma persona opina cosas distintas: si está enferma, piensa que la felicidad es la salud; si es pobre, la riqueza; los que tienen conciencia de su ignorancia admiran a los que dicen algo grande y que está por encima de ellos.”


V.
“No es sin razón que los hombres parecen entender el bien y la felicidad partiendo de los diversos géneros de vida. Así el vulgo y los más groseros los identifican con el placer, y, por eso, aman la vida voluptuosa --los principales modos de vida son, en efecto, tres: la que acabamos de decir, la política, y, en tercer lugar, la contemplativa”
“En cambio, los mejor dotados y los activos creen que el bien son los honores, pues tal es ordinariamente el fin de la vida política. Pero, sin duda, este bien es más superficial que lo que buscamos, ya que parece que radica más en los que conceden los honores que en el honrado, y adivinamos que el bien es algo propio y difícil de arrebatar. Por otra parte, esos hombres parecen perseguir los honores para persuadirse a sí mismos de que son buenos, pues buscan ser honrados por los hombres sensatos y por los que los conocen, y por su virtud; es evidente, pues, que, en opinión de estos hombres, la virtud es superior.”
“El tercer modo de vida es el contemplativo, que examinaremos más adelante”

“En cuanto a la vida de negocios, es algo violento, y es evidente que la riqueza no es el bien que buscamos, pues es útil en orden a otro. Por ello, uno podría considerar como fines los antes mencionados, pues éstos se quieren por sí mismos, pero es evidente que tampoco lo son, aunque muchos argumentos han sido formulados sobre ellos. Dejémosles, pues.”
VII:
Pero volvamos de nuevo al bien objeto de nuestra investigación e indaguemos qué es. Porque parece ser distinto en cada actividad y en cada arte: uno es, en efecto, en la medicina, otro en la estrategia, y así sucesivamente. ¿Cuál es, por tanto, el bien de cada una? ¿No es aquello a causa de lo cual se hacen las demás cosas? Esto es, en la medicina, la salud; en la estrategia, la victoria; en la arquitectura, la casa; en otros casos, otras cosas, y en toda acción y decisión es el fin, pues es con vistas al fin corno todos hacen las demás cosas. De suerte que, si hay algún fin de todos los actos, éste será el bien realizable, y si hay varios, serán éstos. Nuestro razonamiento, a pesar de las digresiones, vuelve al mismo punto; pero debemos intentar aclarar más esto

Puesto que parece que los fines son varios y algunos de éstos los elegimos por otros, como la riqueza, las flautas y, en general, los instrumentos, es evidente que no son todos perfectos, pero lo mejor parece ser algo perfecto. Por consiguiente, si hay sólo un bien perfecto, ése será el que buscamos, y si hay varios, el más perfecto de ellos.

Ahora bien, al que se busca por sí mismo le llamamos más perfecto que al que se busca por otra cosa, y al que nunca se elige por causa de otra cosa, lo consideramos más perfecto que a los que se eligen, ya por sí mismos, ya por otra cosa. Sencillamente, llamamos perfecto lo que siempre se elige por sí mismo y nunca por otra cosa.

Tal parece ser, sobre todo, la felicidad pues la elegimos por ella misma y nunca por otra cosa, mientras que los honores, el placer, la inteligencia y toda virtud, los deseamos en verdad, por sí mismos (puesto que desearíamos todas estas cosas, aunque ninguna ventaja resultara de ellas), pero también los deseamos a causa de la felicidad, pues pensamos que gracias a ellos seremos felices. En cambio, nadie busca la felicidad por estas cosas, ni en general por ninguna otra.

Parece que también ocurre lo mismo con la autarquía, pues el bien perfecto parece ser suficiente. Decimos suficiente no en relación con uno mismo, con el ser que vive una vida solitaria, sino también en relación con los padres, hijos y mujer, y, en general, con los amigos y conciudadanos, puesto que el hombre es por naturaleza un ser social. No obstante, hay que establecer un limite en estas relaciones, pues extendiéndolas a los padres, descendientes y amigos de los amigos, se iría hasta el infinito. Pero esta cuestión la examinaremos luego. Consideramos suficiente lo que por sí solo hace deseable la vida y no necesita nada, y creemos que tal es la felicidad. Es lo más deseable de todo, sin necesidad de añadirle nada, pero es evidente que resulta más deseable, si se le añade el más pequeño de los bienes, pues la adición origina una superabundancia de bienes, y, entre los bienes, el mayor es siempre más deseable. Es manifiesto, pues, que la felicidad es algo perfecto y suficiente, ya que es el fin de los actos.

Decir que la felicidad es lo mejor parece ser algo unánimemente reconocido, pero, con todo, es deseable exponer aún con más claridad lo que es. Acaso se conseguiría esto, si se lograra captar la función del hombre. En efecto, como en el caso de un flautista, de un escultor y, de todo artesano, y en general de los que realizan alguna función o actividad parece que lo bueno, y el bien están en la función, así también ocurre, sin duda, en el caso del hombre, si hay alguna función que le es propia. ¿Acaso existen funciones y actividades propias del carpintero, del zapatero, pero ninguna del hombre, sino que éste es por naturaleza inactivo? ¿O no es mejor admitir que así como parece que hay alguna función propia del ojo y de la mano y del pie, y en general de cada uno de los miembros, así también pertenecería al hombre alguna función aparte de éstas? ¿Y cuál, precisamente, será esta función? El vivir, en efecto, parece también común a las plantas, y aquí buscamos lo propio. Debemos, pues, dejar de lado la vida de nutrición y crecimiento. Seguiría después la sensitiva, pero parece que también ésta es común al caballo, al buey y a todos los animales. Resta, pues, cierta actividad propia del ente que tiene razón. Pero aquél, por una parte, obedece a la razón, y por otra, la posee y piensa. Y como esta vida racional tiene dos significados, hay que tomarla en sentido activo, pues parece que primordialmente se dice en esta acepción.

Si, entonces, la función propia del hombre es una actividad del alma según la razón, o que implica la razón, y si, por otra parte, decimos que esta función es específicamente propia del hombre y del hombre bueno, como el tocar la cítara es propio de un citarista y de un buen citarista, y así en todo añadiéndose a la obra la excelencia queda la virtud (pues es propio, de un citarista tocar la cítara y del buen citarista tocarla bien), siendo esto así, decimos que la función del hombre es una cierta vida, y ésta es una actividad del alma y unas acciones razonables, y la del hombre bueno estas mismas cosas bien y hermosamente, y cada uno se realiza bien según su propia virtud.

Y si esto es así, resulta que el bien del hombre es una actividad del alma de acuerdo con la virtud, y si las virtudes son varias, de acuerdo con la mejor y más perfecta, y además en una vida entera. Porque una golondrina no hace verano, ni un solo día, y así tampoco ni un solo día ni un instante bastan para hacer venturoso y feliz
.”

 






Libro II: Naturaleza de la virtud ética
V.
“Vamos ahora a investigar que es la virtud. Puesto que son tres las cosas que suceden en el alma, pasiones, facultades y modos de ser, la virtud ha de pertenecer a una de ellas. Entiendo por pasiones apetencia, ira, miedo, coraje, envidia, alegría, amor, odio, deseo, celos, compasión, y en general, todo lo que va acompañado de placer o dolor. Por facultades aquellas capacidades en virtud de las cuales se dice que estamos afectados por estas pasiones, por ejemplo aquello por lo que somos capaces de entristecernos o compadecernos; y por modos de ser, aquello en virtud de lo cual nos comportamos bien o mal respecto de las pasiones. (…)Por tanto, ni las virtudes ni los vicios son pasiones, porque no se nos llama buenos o malos por nuestras pasiones , sino por nuestras virtudes y nuestros vicios (…) Tampoco son facultades, pues ni se nos llama buenos o malos por ser simplemente capaces de sentir las pasiones, ni se nos elogia o censura. Además es por naturaleza como tenemos esa facultad, pero no somos buenos o malos por naturaleza, (…) así pues, si las virtudes no son ni pasiones ni facultades, solo restan que sean modos de ser.”
VI.
“Llamo término medio de una cosa al que dista lo mismo de ambos extremos, y éste es uno y el mismo para todos; y en relación con nosotros, al que ni excede ni se queda corto, y este no es ni uno ni el mismo para todos. Por ejemplo, si diez es mucho y dos es poco, se toma el seis como término medio en cuanto a la cosa (…)Pero el medio relativo a nosotros, no ha de tomarse de la misma manera, pues si para uno es mucho comer diez minas de alimentos, y poco comer dos, el entrenador no prescribirá seis minas, pues probablemente esa cantidad será mucho p poco para el que ha de tomarla: para Milón, poco; para el que se inicia en los ejercicios corporales, mucho. Así pues, todo conocedor evita el exceso y el defecto y busca el término medio y lo prefiere; pero no el término medio de la cosa, sin el relativo a nosotros”
“Es por tanto la virtud, un modo de ser selectivo, siendo un término medio relativo a nosotros, determinado por la razón y por aquello por lo que decidiría el hombre prudente”

Libro X
VII.
“Si la felicidad es una actividad conforme a la virtud, es razonable que sea conforme  a la virtud más excelente, y esta será la virtud de lo mejor que hay en el hombre. (…) que es una actividad contemplativa, asimismo puede sostenerse que la actividad contemplativa es la única que se ama por sí misma, porque de ella no resulta nada fuera de la contemplación, al paso que la acción práctica nos afanamos más o menos por algún resultado extraño a la acción
   



  


 Aristóteles. La virtud como término medio.
“Llamo término medio de una cosa a lo que dista igualmente de uno y otro de los extremos, lo cual es uno y lo mismo para todos. Mas con respecto a nosotros el medio es lo que no es excesivo ni defectuoso, pero esto ya no es uno ni lo mismo para todos. Por ejemplo: sí diez es mucho y dos poco, tomamos seis como término medio en la cosa, puesto que por igual excede y es excedido, y es el término medio según la proporción aritmética. Para nosotros, en cambio, ya no puede tomarse así. Si para alguien es mucho comer por valor de diez minas y poco por valor de dos, no por esto el maestro de gimnasia prescribirá una comida de seis minas, pues también esto podría ser mucho o poco para quien hubiera de tomarla: poco para Milón, y mucho para quien empiece los ejercicios gimnásticos. Y lo mismo en la carrera y en la lucha. Así, todo conocedor rehuye el exceso y el defecto, buscando y prefiriendo el término medio, pero el término medio no de la cosa, sino para nosotros. Si, por tanto, todo arte o ciencia consuma bien su obra mirando al término medio y encaminando a él los trabajos - y de aquí que a menudo se diga de las bellas obras de arte que no es posible ni quitarles ni añadirles nada, dando a entender que el exceso y el defecto estragan la perfección, en tanto que el término medio la conserva-, si, pues, como decimos, los buenos artífices operan atendiendo a esto, y si, por otra parte, la virtud, corno la naturaleza, es más exacta y mejor que todo arte, ella también, de consiguiente, deberá apuntar al término medio. Hablo, bien entendido, de la virtud moral, que tiene por materia pasiones y acciones, en las cuales hay exceso y defecto y término medio.”
Aristóteles, Ética a Nicómaco, Libro II.
Análisis del contenido: 
·         Para captar las ideas principales del texto, indica si son correctas o no las siguientes afirmaciones. En caso de que no se ajusten a lo que dice el texto, corrígelas.
-          Término medio es aquello alejado en igual medida de los dos extremos, el exceso y el defecto
-          El término medio es como una medida aritmética válida para todos
-          Como toda actividad bien hecha, a la que no le falta ni le sobra nada, el comportamiento ético virtuoso es aquel que, guiado por el conocimiento, tiende hacia el término medio
-          La virtud dianoética, aquella que se refiere a las acciones, consiste en un término medio
·         ¿Qué titulo escoges?
-          La ética de la moderación
-          Medida aritmética
-          Un término medio para todos
·         Explica:
-          El término medio es aplicado sólo a unas determinadas virtudes, pero no a todas. ¿A cuáles no y por qué?
-          La valentía, la generosidad, son ejemplos de virtudes éticas, a las que se aplica la pauta del término medio. ¿Por qué?
·         Para reflexionar:
-          Si la virtud es entendida como moderación en todas las cosas, ¿podemos afirmar que el buen estudiante, es el que no estudia ni mucho ni poco? ¿qué crees que diría Aristóteles al respecto? ¿qué opinas tú?


Ética a Nicómaco
Estructura de la obra: se divide en diez libros
Libro I: plantea que es la felicidad (fin inclusivo)
Libro II al V: habla sobre las virtudes morales o éticas
Libro VI: habla sobre las virtudes intelectuales o dianoéticas
Libro VII: habla sobre el vicio y la virtud
Libro VIII y IX: habla sobre la amistad
Libro X: vuelve al tema de la felicidad (fin inclusivo)


La ética para Aristóteles es aquella ciencia práctica, basada en el sentido común (es decir en los juicios rectos de hombres considerados como buenos y virtuosos) que nos muestra el estilo de vida necesario, para lograr la felicidad, que es el bien por excelencia.


La ética de Platón al igual que la socrática identificaban el bien con el conocimiento caracterizándose por un marcado intelectualismo. Por naturaleza el hombre tiende a buscar el bien, por lo que bastaría conocerlo, para obrar correctamente. Aristóteles se opone a este pensamiento ya que niega la trascendencia de un bien en sí o de la forma universal del bien. Nadie busca el bien en sí, sino su propio bien, y el bien propio de cada Ser está determinado por las posibilidades de su naturaleza. Llegar a este bien es justamente el sentido de la actividad de cada ser.




La felicidad como fin último (libro I y X)
La ética a Nicómaco comienza afirmando que toda acción humana se realiza en vistas a un fin y el fin de la acción es el fin que se busca. La filosofía aristotélica es teleológica, ya que todo tiende a una finalidad (telos es igual a fin). Toda conducta humana tiene un carácter intencional, siempre tendemos a un fin ya que una conducta sin finalidad sería absurda.  Para Aristóteles no podemos tender a algo que no sea bueno, por lo tanto fin y bien se igualan. El bien es aquello a lo que tienden todas las cosas.
 Toda actividad tiende a un fin que es a la vez un bien.
En la vida del hombre hay fines que no lo son en sí mismos sino que son medio para lograr otras cosas (hay fines subordinados a otros) por ejemplo, el fin de poner el despertador es venir a clase, el fin de venir a clase es aprender y así sucesivamente.
Para Aristóteles debe haber un fin último, algo que queremos por sí mismo y al cual deben subordinarse todos los demás para que tengan sentido nuestras acciones. Pero: ¿Cuál debe ser ese fin último o bien supremo? Todo el mundo está de acuerdo que es la felicidad.
Felicidad en griego es Eudaimon, por eso la posición ética de Aristóteles se conoce como eudaimonia.  Ahora bien, hay un acuerdo en que el fin último es la felicidad, pero, ¿qué es la felicidad?
Para algunos la felicidad es la riqueza, para otros los honores y para otros los placeres, pero Aristóteles muestra que estas cosas no son buscadas por sí mismas. La riqueza no es un fin ya que no se busca por sí misma, sino para lograr otras cosas, es decir, es un medio. Los honores no dependen de nosotros sino de quien los concede, por lo tanto en este sentido la felicidad no dependería de nosotros mismos, sino de otros. Los placeres, y el placer en sí mismo, es inseguro e inconstante, ya que hace depender al hombre del objeto que le causa placer, pero para Aristóteles si bien placer no es sinónimo de felicidad, forma parte de ella, por ejemplo, el hombre justo siente placer al actuar justamente.
El bien supremo debe ser perfecto y autosuficiente, tiene que ser un fin en sí mismo, y no un medio, para lograr otra cosa, después que llego a él ninguna otra cosa puede ser deseable.
En el libro I la felicidad tiene varios bienes, son todos a la vez, pero no se identifica con ninguno. Ve a la felicidad como un fin inclusivo que implica la articulación de todos los bienes y el acento en la acción. La felicidad es obrar bien y vivir bien. Aquí se plantea el problema de si la felicidad radica en nosotros o procede de una fuente externa, ya que al decir, “obrar bien”  hace referencia a la virtud que es interna, y al decir “vivir bien” hace referencia a la buena suerte que es externa. Ahora bien, este concepto de felicidad como articuladora de bienes no explica que es la felicidad. Para ello hay que determinar cual es la actividad propia del hombre en cuanto hombre. Lo propio de cada cosa, su actividad proita es la virtud (areté). Lo propio del hombre es la razón,  para Aristóteles el hombre es una animal racional, por lo tanto un hombre será feliz, si vive conforme a la razón, es decir, conforme a su virtud. Vivir conforme a la razón puede entenderse de dos maneras: 1) vivir guiado o gobernado por la razón (modo de vida del hombre activo); 2) vivir dedicado a la razón (ideal de vida del hombre contemplativo)

El hombre como animal racional
El alma tiene dos partes, una racional y otra irracional. Dentro de la parte racional se encuentran las virtudes intelectuales o dianoéticas. Ésta a su vez se divide en una razón científica, que tiene por objeto lo necesario, lo que no puede ser de otra manera, y las virtudes que en ella se encuentran son la sabiduría y la ciencia; y una razón deliberativa que tiene como objeto lo contingente es decir, lo que puede ser de una forma y de otra, la virtud que prima en dicha razón es la prudencia.
Dentro de la parte irracional del alma, tenemos una parte que carece de razón llamada vegetativa y otra parte que también carece de razón pero puede ser modificada por ésta, es decir, participa de la razón, y se llama sensitiva. En ella se encuentran las virtudes éticas o morales, como la justicia, la templanza, y la generosidad.

En el libro X Aristóteles afirma que si la felicidad es una actividad conforme a la virtud, es razonable que sea la virtud más perfecta, la mejor que hay en el hombre, es decir, el entendimiento, que posee una actividad contemplativa. El ideal de felicidad perfecta sería una vida dedicada a la actividad teórica, a la contemplación permanente de la verdad: la vida contemplativa es un ideal superior. Aquí considera la felicidad como fin exclusivo. El fin último no tiene por que comprender todos los demás bienes y puede haber uno que excluya a los demás, en este caso, la contemplación.

Para concluir: tres formas de vida feliz
-      (rechaza la riqueza porque es un medio)
-      1) vida del placer (corporal). Lo excluye como sinónimo de felicidad, pero no como parte de ella
-      2) vida con los otros: vida activa, del conocimiento práctico: virtud ética
-      3) vida del conocimiento teórico, vida del sabio: contemplación (autarquía: solo depende de él mismo)
Libro II: virtud y tipos de virtudes
Si la felicidad es el bien del hombre, toda actividad que contribuya a su consecución, será virtuosa. La virtud no es una pasión ni una facultad del alma, es un modo de ser, es decir, un hábito. Nosotros no elegimos las pasiones que son la ira, el odio, los celos, sino que son innatos en el hombre, así como las facultades que son meras potencialidades. La virtud NO es innata al hombre. Si fueran propias de nuestra naturaleza, todos seríamos virtuosos por el simple hecho de ser hombres, y esto no ocurre así. La virtud se adquiere, por ejemplo, no se nace bueno o malo sino que se adquiere la bondad o la maldad. La virtud tampoco es una ciencia, ya que no por conocer que es la justicia somos justos, sino que soy justo realizando actos justos. Las virtudes se adquieren a través de las costumbres, el ejercicio y el hábito.
Aristóteles distingue dos clases de virtudes, de acuerdo con las funciones del alma. Las virtudes éticas están en la parte irracional del alma, son adquiridas a través de la costumbre o el hábito y regulan las relaciones entre los hombres. Las más importantes son la fortaleza, a justicia y la templanza. Las virtudes dianoéticas corresponden a la parte racional del alma, son propias del intelecto. Su origen no es innato sino que se aprenden a través de la educación. Son la sabiduría y la prudencia. La más importante es la prudencia. Consiste en la habilidad intelectual de discernir entre cosas que no son necesarias y las que si lo son. Esta virtud es guía de las demás virtudes morales. El hombre prudente sabe que es lo bueno y que es lo malo para el hombre. lo característico del hombre prudente es la deliberación, el fin último no está en discusión, por lo tanto se delibera sobre los medios para llegar a ello. La prudencia es directora de la conducta humana.

La virtud como término medio.
La virtud implica una cierta medida, un cierto orden la virtud se sitúa en un término medio entre dos vicios, uno por exceso y otro por defecto. Pero ¿cómo definir el justo medio? Podemos entender el término medio como absoluto (en cuanto al objeto) o relativo (en cuanto al sujeto). Según Aristóteles no hay una medida para definir en cada situación el justo medio. Cada hombre debe ser juez tal como lo haría siempre un hombre sabio y prudente.
¿Qué es entonces la virtud?
“Es por tanto la virtud un modo de ser selectivo, siendo un término medio relativo a nosotros, determinado por la razón y por aquello que decidiría el hombre prudente”


Definida la virtud, Aristóteles definirá la vida feliz, como aquella que es conforme a la virtud.


Vinculación ética y política.
Aristóteles afirma que el hombre es por naturaleza un animal político y social. En la naturaleza de cada cosa hay una tendencia a alcanzar su propia perfección en la cual consiste su bien. Ahora bien, el hombre no puede alcanzar su perfección en aislamiento, porque el individuo aislado no se basta a sí mismo. Por esta razón se agrupa en comunidades: la familia, la aldea, la polis. La ciudad, la polis, es el telos (fin) de la evolución de las distintas formas de comunidad, y si bien es posterior históricamente a éstas, es más perfecta y por eso tiene prioridad de naturaleza.
La ciudad es por naturaleza anterior al individuo, porque si el individuo separado no se basta a sí mismo, será como una parte separada del todo, y el que no puede vivir en sociedad o no necesita nada por su propia autosuficiencia, no es un hombre, sino una bestia o un dios.  Cada nivel de asociación (familia, aldea, ciudad) tiene su telos específico: la familia busca perpetuar la especie, la aldea busca satisfacer las necesidades cotidianas, y la ciudad existe para la consecución de una vida plena y feliz.

El fin de la política no es otro que el propio fin ético: la vida buena de los ciudadanos.

El gobierno perfecto, es aquel que procura a todos los ciudadanos el goce de la más perfecta felicidad, dividiendo estos goces en tres clases diferentes: bienes externos (riqueza, poder), los bienes del cuerpo (salud, placer) y loa bienes del alma (contemplación, sabiduría), consistiendo así la felicidad en la reunión de todos estos.
El Estado más perfecto es aquel en el cual cada ciudadano puede, gracias a las leyes, practicar lo mejor posible la virtud, y asegurar la felicidad.

Dentro del Estado, la virtud ética superior es la justicia, que la entiende como dar a cada cual lo que es debido.
Hay dos clases:
-      Justicia distributiva: distribuir ventajas y desventajas que corresponden a cada miembro de una sociedad según su mérito.
-      Justicia conmutativa: restaurar la igualdad perdida, dañada o violada, a través de una retribución o reparación regulada por un contrato.
La justicia es la virtud que asegura y consolida el orden en la polis, armonizando los derechos y deberes de los miembros de la comunidad.




No hay comentarios:

Publicar un comentario